Desde hacía tres años, el escritor Bernardo Gil intentaba escribir el cuento más corto de la literatura española. Sabía que tenía que competir con un gigante, el guatemalteco Augusto Monterroso, famoso por un cuento de una sola línea sobre un dinosaurio. Bernardo escribió cuentos de cuatro palabras, de tres, de dos.
Todos le parecían demasiado largos. Al final, presentó a un concurso internacional una página completamente en blanco con un título: «Todo». El jurado deliberó durante horas. Un miembro dijo que era genial, otro, que era una tomadura de pelo.
Al final, le dieron el primer premio. Bernardo dio un discurso de dos horas en la ceremonia. Nadie le volvió a invitar a ningún otro concurso