Llevo aquí tres semanas y debo decir que el servicio es impecable. Me despiertan todos los días a la misma hora con una puntualidad que ya querrían muchos hoteles de lujo. La comida es sencilla, pero abundante. Nunca he comido tantas lentejas.
Mi habitación es pequeña, pero muy segura. Nadie puede entrar sin permiso, tampoco salir, todo hay que decirlo. Comparto el baño con un compañero muy tranquilo, Bartolo, que habla poco y ronca mucho. El personal es serio, pero educado.
Llevan uniforme y conocen mi nombre. El patio es amplio y tiene canastas de baloncesto. Por las tardes hay talleres de cerámica. En resumen, lo recomiendo.
Mi estancia será de dos años y tres meses, con posibilidad de reducción por buena conducta