Las letras del matasellos eran de Ansó, un pueblo de montaña del Pirineo de Huesca, cerca de la frontera con Francia. Vidal lo había descubierto en una semana. Pidió dos días libres. No le dijo nada al comisario, tampoco a Castillo.
Condujo casi tres horas hasta el valle. Ansó era un pueblo de casas de piedra, calles estrechas y tejados oscuros. Casi no había gente. Vidal entró en la oficina de correos.
Enseñó una foto de Laura Prat de 2011. La funcionaria la miró y negó con la cabeza. No la conocía. Recorrió el bar, la tienda y la farmacia.
Nadie conocía a Laura. A la hora de comer, Vidal se sentó en una terraza. Estaba cansada y se sentía un poco ridícula. Había hecho tres horas de coche por una postal.
Entonces, una mujer le trajo el menú. Tenía el pelo corto y canoso, y en la muñeca, un pequeño tatuaje de una nota musical