El 12 de octubre, Zaragoza celebraba la ofrenda de flores a la Virgen del Pilar. Cientos de miles de personas vestidas con trajes tradicionales llenaban las calles del centro y entre tanta gente trabajaban los carteristas. Aquel día, Vidal y Castillo recibieron más de cuarenta denuncias de carteras y móviles robados. Buscaron durante horas.
No encontraron a nadie. Había demasiada gente. Al final, la solución llegó por casualidad. Una vendedora de flores de la plaza llamó a Castillo.
Había visto a un hombre que pasaba siempre por el mismo sitio con un ramo de claveles, pero nunca dejaba las flores en la ofrenda. Dentro del ramo, el hombre llevaba siete carteras. Vidal le compró a la vendedora un ramo de claveles para dárselo a la Virgen, dijo, pero se lo llevó a casa