Silvia descubrió que su tía Rosario perdió a su novio Lois en una tormenta.
Moncho no quiso contar nada más. Dijo que estaba cansado y se fue a su casa.
Silvia volvió al bar de Uxía y le contó todo. Uxía escuchó con los ojos muy abiertos. Después miró la caja de las llaves.
—La campana… En el pueblo solo hay una campana: la de la iglesia.
—Entonces vamos a la iglesia —dijo Silvia.
—No es tan fácil. La torre está cerrada desde hace años. Es peligrosa. Y el cura solo viene los domingos.
Silvia pensó un momento.
—¿Y quién tiene la llave de la torre?
Uxía sonrió.
—Doña Celsa. Tiene noventa años y lo sabe todo de todo el mundo.