Con la llave del ancla, Silvia encontró un barco viejo que se llamaba Rosario.
La caja de metal no estaba cerrada. Dentro había una sola cosa: una foto en blanco y negro. Dos jóvenes en la playa, riendo. Ella era Rosario, muy joven y muy guapa. Él era un chico alto, con una gorra de pescador.
—Es mi hermano Lois —dijo Moncho—. Construyó este barco para ella.
Moncho se sentó en una caja de madera y le contó la historia. Rosario y Lois iban a casarse. Pero un invierno, Lois salió a pescar con mal tiempo. Hubo una tormenta terrible. El barco de Lois nunca volvió.
—Rosario nunca se casó —dijo Moncho—. Y cuidó este barco toda su vida.
Silvia guardó la foto. Moncho se levantó.
—Pero esa no es toda la historia.