Irene vive en un piso compartido en Valencia con Óscar, Giulia y Toni. Giulia es italiana y está aprendiendo español en la universidad. En abril, Giulia tenía un examen oral de español muy importante. Si no aprobaba, no podía terminar su beca.
Estaba muy nerviosa. Hablaba español muy bien, pero muy rápido y con muchas palabras en italiano. "Tranquila", le dijo Irene, "te vamos a ayudar". Durante una semana, el piso se convirtió en una escuela.
Cada noche, después de cenar, practicaban. Irene le hacía preguntas como una profesora. Óscar le enseñaba palabras de cocina y expresiones valencianas. Toni, que hablaba poco, la corregía con un lápiz en un papel.
El día del examen, Giulia salió de casa muy temprano. Los otros tres esperaron en el salón toda la mañana. Nadie podía concentrarse. A la una, la puerta se abrió.
Giulia entró con la cara muy seria. Todos se levantaron. "¿Qué tal?", preguntó Irene. Giulia esperó un momento.
Después gritó: "¡Un nueve!". Saltaron, gritaron y se abrazaron. Desde arriba, el señor Ferrer golpeó el suelo, pero esta vez solo para felicitarla.