Irene vive en un piso compartido en Valencia con Óscar, Giulia y Toni. En el piso, cada uno vive bastante con su móvil y su ordenador. Un domingo de lluvia, Internet dejó de funcionar. Óscar llamó a la compañía y le dijeron que la reparación tardaba hasta el lunes.
Al principio, todos estaban de mal humor. Giulia no podía ver sus series. Irene no podía trabajar. Óscar no podía ver el fútbol y fuera llovía muchísimo.
Entonces, Toni sacó de un armario una caja vieja, un juego de mesa. Nadie sabía que existía. Era de los antiguos inquilinos del piso. Jugaron toda la tarde, al principio por aburrimiento, después por diversión.
Mientras jugaban, empezaron a hablar. Giulia habló de su abuela de Roma, que la llamaba cada domingo. Óscar contó que su padre tenía un bar en su pueblo y que él quería abrir un restaurante. Irene habló de Burgos y del frío.
Toni no habló mucho, como siempre, pero ganó tres partidas. El lunes volvió Internet. Pero esa noche, después de cenar, Óscar sacó otra vez el juego de mesa.