Mía vio una regadera de plástico cerca de las flores del jardín. Mía pensó: "Voy a meter esta regadera en el agujero. Así el agujero se llenará y por fin desaparecerá". Mía cogió la regadera con las dos manos y la metió dentro del agujero.
La regadera cayó dentro del agujero y desapareció, exactamente igual que la pala y la tierra. Mía miró el agujero todavía más sorprendida y vio que el agujero seguía exactamente igual que antes, vacío y oscuro, sin ninguna regadera dentro. Mía pensó: "Qué agujero tan raro. Todo lo que meto desaparece aquí dentro sin llenarlo nunca".