Carmen se puso muy nerviosa y se fue corriendo a buscar al carpintero del pueblo, un hombre llamado Julián. Le contó a su amigo Julián lo que había visto. Julián, sin creerla mucho, decidió ir a mirarse en el espejo él mismo. Cuando se acercó al espejo, vio aparecer la cara de Carmen en lugar de su propia cara.
Julián se quedó paralizado durante unos segundos sin saber qué pensar de aquel extraño espejo