Tomás intentó varias soluciones para detener aquellos viajes nocturnos. Ató la casa con cuerdas gruesas a unos árboles cercanos, clavó estacas de metal alrededor de los cimientos e incluso durmió una noche entera sentado en la puerta principal, decidido a sentir el momento exacto en que la casa empezara a moverse. Sin embargo, cada mañana las cuerdas aparecían rotas, las estacas quedaban atrás en el paisaje anterior y Tomás se despertaba en un lugar nuevo sin haber notado absolutamente nada durante toda la noche.