Esa noche, un espíritu de la montaña escuchó los pensamientos de Tao y apareció delante de él. El espíritu le dijo que podía concederle su deseo. Tao dijo: "Quiero ser rico. Quiero tener oro y joyas como el mercader".
En ese momento, Tao se convirtió en un mercader muy rico. Ahora tenía una casa grande, mucho oro y ropa muy bonita. Tao estaba muy contento con su nueva vida