Sin embargo, un día Elena olvidó el cuaderno secreto en casa, justo cuando la profesora anunció, sin previo aviso, un pequeño ejercicio de expresión oral. Cada estudiante debía decir en voz alta y delante de todos algo bonito sobre otro compañero de clase. Cuando le llegó el turno, Elena sintió que su mente se quedaba completamente en blanco, sin ninguna frase preparada a la que recurrir. Por primera vez desde que había empezado su colección de palabras bonitas, tuvo que enfrentarse al silencio incómodo de no saber qué decir con sus propias palabras