Esa misma tarde, algo cambió en casa de la abuela. Ella se quedó callada durante el postre, algo que nunca hacía. No volvió a contar ninguna historia más. Los padres de Alba se miraron extrañados porque a la abuela le encantaba explicar historias, especialmente durante los postres.
Los padres de Alba se preguntaron por qué la abuela parecía tan cansada de repente. Alba sintió un pequeño nudo en el estómago al verla tan seria, pero decidió no pensar mucho en ello.