Alba no relacionaba esos cambios con sus tarros de cristal. Solo pensaba en seguir coleccionando más risas, cada vez de forma más rápida. Empezó a elegir con cuidado a quién robaba la risa. Buscaba siempre las más grandes y divertidas de la clase.
Cuanto más gracioso era alguien, más ganas tenía Alba de atrapar su burbuja de color antes de que nadie más la viera.