- Hola, no encuentro los tomates.
- Están con las verduras, al fondo, a la derecha.
- Pero no los he visto.
- Son rojos y redondos. Hay cuatro cajones llenos de tomates.
- Pero yo he ido y no los he visto.
- No se preocupe, señorita, acompáñeme.
- Perdone, ¿y si va usted a ver si hay tomates y vuelve y me dice si hay?
- Claro, por supuesto, espere un momento.
- Un momento, ya que va, ¿puede coger tres tomates para enseñarme que sí que hay?
- ¿Tres tomates de qué tipo?
- De ensalada. Mientras usted coge los tomates, yo voy al pescado.
- ¿Al pescado?
- Sí, me encontrará allí, que quiero salmón.
- Vale, voy a buscarle tres tomates de ensalada.
- Pero que estén maduros, eh, que los quiero para mañana.
- De acuerdo, voy a buscárselos. ¿Seguro que no los ha visto, eh?
- No, no, yo he mirado y no había tomates.
- Muy bien, voy a ver si veo los tomates.