No hicieron falta más palabras. El estudio, tantas veces escenario de encuadres y luces medidas, se quedó a oscuras. Salvo por la luz de la calle entrando por la ventana. Hugo apartó con cuidado un mechón de pelo de la cara de Sara antes de acercarse del todo.
- Llevo semanas esperando esto.
- Y yo también, más de las que te imaginas.
Lo que pasó después quedó sólo entre ellos, sin cámara ni testigos. En el silencio cómplice de una noche que ninguno de los dos olvidaría fácilmente.