Lucía, la lera del pueblo y amiga cercana de Tomás desde la infancia, le contó un día, visiblemente preocupada, que su propia familia empezaba a tener serias dificultades para conseguir suficiente harina. Los campos de trigo llevaban semanas cubiertos por una escarcha que no correspondía en absoluto a la época del año en que se encontraban todavía. Le explicó también que otros vecinos comentaban fenómenos similares. Un frío inusual y persistente parecía extenderse gradualmente desde alguna zona concreta del pueblo.
Sin embargo, nadie había logrado todavía identificar exactamente su origen real.