Como Agua Para Chocolate/Ep 3
La reanudación de esta semicomunicación se originó cuando, al revisar los vestidos que
cada una de las mujeres había estado cosiendo, Mamá Elena descubrió que aun cuando el
confeccionado por Tita era el más perfecto, no lo había hilvanado antes de coserlo.
-Te felicito -le dijo-, las puntadas son perfectas, pero no lo hilvanaste, ¿verdad?
-No -respondió Tita, asombrada de que le hubiera levantado la ley del silencio.
-Entonces lo vas a tener que deshacer. Lo hilvanas, lo coses nuevamente y después vienes
a que te lo revise. Para que recuerdes que el flojo y el mezquino andan doble su camino.
-Pero eso es cuando uno se equivoca y usted misma dijo hace un momento que el mío
era...
-¿Vamos a empezar otra vez con la rebeldía? Ya bastante tenías con la de haberte atrevido
a coser rompiendo las reglas.
-Perdóname, mami. No lo vuelvo a hacer.
Tita logró con estas palabras calmar el enojo de Mamá Elena. Había puesto mucho
cuidado al pronunciar el «mami» en el momento y con el tono adecuado. Mamá Elena
opinaba que la palabra «mamá» sonaba despectiva, así que obligó a sus hijas desde niñas a
utilizar la palabra «mami» cuando se dirigieran a ella. La única, que se resistía o que
pronunciaba la palabra con un tono inadecuado era Tita, motivo por el cual había recibido
infinidad de bofetadas. ¡Pero qué bien lo había hecho en ese momento! Mamá Elena se sentía
reconfortada con el pensamiento de que tal vez ya estaba logrando doblegar el carácter de la
más pequeña de sus hijas. Pero desgraciadamente albergó esta esperanza por muy poco
tiempo, pues al día siguiente se presentó en casa Pedro Muzquiz acompañado de su señor
padre con la intención de pedir la mano de Tita. Su presencia en la casa causó gran
desconcierto. No esperaban su visita. Días antes, Tita le había mandado a Pedro un recado
con el hermano de Nacha pidiéndole que desistiera de sus propósitos. Aquél juró que se lo
había entregado a don Pedro, pero el caso es que ellos se presentaron en la casa. Mamá
Elena los recibió en la sala, se comportó muy amable y les explicó la razón por la que Tita no
se podía casar.
-Claro, que si lo que les interesa es que Pedro se case, pongo a su consideración a mi hija
Rosaura, sólo dos años mayor que Tita, pero está plenamente disponible y preparada para el
matrimonio...
Al escuchar estas palabras, Chencha por poco tira encima de Mamá Elena la charola con
café y galletas que había llevado a la sala para agasajar a don Pascual y a su hijo.
Disculpándose, se retiró apresuradamente hacia la cocina, donde la estaban esperando Tita,
Rosaura y Gertrudis para que les diera un informe detallado de lo que acontecía en la sala.
Entró atropelladamente y todas suspendieron de inmediato sus labores para no perderse una
sola de sus palabras.
Se encontraban ahí reunidas con el propósito de preparar tortas de Navidad. Como su
nombre lo indica, estas tortas se elaboran durante la época navideña, pero en está ocasión
las estaban haciendo para festejar el cumpleaños de Tita. El 30 de septiembre cumpliría 16
años y quería celebrarlos comiendo uno de sus platillos favoritos.
-¿Ay sí, no? ¡Su ‘mamá había de estar preparada para el matrimoño, como si fuera un plato
de enchiladas! ¡Y ni ansina, porque pos no es lo mismo que lo mesmo! ¡Uno no puede
cambiar unos tacos por unas enchiladas así como así!
Chencha no paraba de hacer este tipo de comentarios mientras les narraba, a su manera,
claro, la escena que acababa de presenciar. Tita conocía lo exagerada y mentirosa que podía
ser Chencha, por lo que no dejó que la angustia se apoderara de ella. Se negaba a aceptar
como cierto lo que acababa de escuchar. Fingiendo serenidad, siguió partiendo las teleras,
para que sus hermanas y Nacha se encargaran de rellenarlas.
De preferencia las teleras deben ser horneadas en casa. Pero si no se puede, lo más
conveniente es encargar en la panadería unas teleras pequeñas, pues las grandes no
funcionan adecuadamente para esta receta. Después de rellenarlas se meten diez minutos al
horno y se sirven calientes. Lo ideal es dejarlas al sereno toda una noche envueltas en una
tela, para que el pan se impregne con la grasa del chorizo.
Cuando Tita estaba acabando de envolver las tortas que comerían al día siguiente, entró en
la cocina Mamá Elena para informarles que había aceptado que Pedro se casara, pero con
Rosaura.
Al escuchar la confirmación de la noticia, Tita sintió como si el invierno le hubiera entrado
al cuerpo de golpe y porrazo: era tal el frío y tan seco que le quemó las mejillas y se las puso
rojas, rojas, como el color de las manzanas que tenía frente a ella. Este frío sobrecogedor la
habría de acompañar por mucho tiempo sin que nada lo pudiera atenuar, ni tan siquiera
cuando Nacha le contó lo que había escuchado cuando acompañaba a don Pascual Muzquiz
y a su hijo hasta la entrada del rancho. Nacha caminaba por delante entre padre e hijo. Don
Pascual y Pedro caminaban lentamente y hablaban en voz baja, reprimida por el enojo.
-¿Por qué hiciste esto Pedro? Quedamos en ridículo aceptando la boda con Rosaura.
¿Dónde quedó pues el amor que le juraste a Tita? ¿Qué no tienes palabra?
-Claro que la tengo, pero si a usted le negaran de una manera rotunda casarse con la
mujer que ama y la única salida que le dejaran para estar cerca de ella fuera la de casarse
con la hermana, ¿no tomaría la misma decisión que yo?
Nacha no alcanzó a escuchar la respuesta porque el Pulque, el perro del rancho, salió
corriendo, ladrándole a un conejo al que confundió con un gato.
-Entonces, ¿te vas a casar sin sentir amor?
-No, papá, me caso sintiendo un inmenso e imperecedero amor por Tita.
Las voces se hacían cada vez menos perceptibles pues eran apagadas por el ruido que
hacían los zapatos al pisar las hojas secas. Fue extraño que Nacha, que para entonces estaba
más sorda, dijera haber escuchado la conversación. Tita igual le agradeció que se lo hubiera
contado, pero esto no modificó la actitud de frío respeto que desde entonces tomó para con
Pedro. Dicen que el sordo no oye, pero compone. Tal vez Nacha sólo escuchó las palabras que
todos callaron. Esa noche fue imposible que Tita conciliara el sueño;