Como Agua Para Chocolate Ep 9
Ni uno solo escapó del hechizo y sólo algunos afortunados llegaron a
tiempo a los baños; los que no, participaron de la vomitona colectiva que se organizó en
pleno patio. Bueno, la única a quien el pastel le hizo lo que el viento a Juárez fue a Tita. cuanto terminó de comerlo abandonó la fiesta. Quería notificarle a Nacha cuanto antes que
estaba en lo cierto al decir que Pedro la amaba sólo a ella. Por ir imaginando la cara de
felicidad que Nacha pondría no se percató de la desdicha que crecía a su paso hasta llegar a
alcanzar niveles patéticamente alarmantes.
Rosaura, entre arqueadas, tuvo que abandonar la mesa de honor.
Procuraba por todos los medios controlar la náusea, ¡pero ésta era más poderosa que ella!
Tenía toda la intención de salvar su vestido de novia de las deposiciones de los parientes y
amigos, pero al intentar cruzar el patio resbaló y no hubo un solo pedazo de su vestido que
quedara libre de vómito. Un voluminoso río macilento la envolvió y la arrastró algunos
metros, provocando que sin poderse resistir más lanzara como un volcán en erupción
estruendosas bocanadas de vómito ante la horrorizada mirada de Pedro. Rosaura lamentó
muchísimo este incidente que arruinó su boda y no hubo poder humano que le quitara de la
mente que Tita había mezclado algún elemento en el pastel.
Pasó toda la noche entre quejidos y el tormento que le provocaba la idea de deponer sobre
las sábanas que tanto tiempo se había tardado en bordar. Pedro, apresuradamente, le sugirió
dejar para otro día la culminación de la noche de bodas. Pero pasaron meses antes de que
Pedro sintiera la obligación de hacerlo y de que Rosaura se atreviera a decirle que ya se
sentía perfectamente bien. Pedro hasta ese momento comprendió que no podía rehusarse a
realizar su labor de semental por más tiempo y esa misma noche, utilizando la sábana
nupcial, se arrodilló frente a su cama y a manera de rezo dijo:
-Señor, no es por vicio ni por fornicio sino por dar un hijo a tu servicio.
Tita nunca imaginó que había tenido que pasar tanto tiempo para que la mentada boda se
consumara. Ni siquiera le importó cómo fue, y mucho menos si había sido el día de la
ceremonia religiosa o cualquier otro día.
Estaba más preocupada por salvar su pellejo que por otra cosa. La noche de la fiesta había
recibido de manos de Mamá Elena una paliza fenomenal, como nunca antes la había recibido
ni la volvería a recibir. Pasó dos semanas en cama reponiéndose de los golpes. El motivo de
tan colosal castigo fue la certeza que tenía Mamá Elena de que Tita, en contubernio con
Nacha, había planeado premeditadamente arruinar la boda de Rosaura, mezclando algún
vomitivo en el pastel. Tita nunca la pudo convencer de que el único elemento extraño en él
fueron las lágrimas que derramó al prepararlo. Nacha no pudo atestiguar en su favor, pues
cuando Tita había llegado a buscarla el día de la boda la había encontrado muerta, con los
ojos abiertos, chiqueadores en las sienes y la foto de un antiguo novio en las manos.
Continuará...
Siguiente receta:
Codornices en pétalos de rosas
Codornices en pétalos de rosas
III. Marzo
INGREDIENTES:
12 rosas, de preferencia rojas
12 castañas
2 cucharadas de mantequilla
2 cucharadas de fécula de maíz
2 gotas de esencia de rosas
2 cucharadas de anís
2 cucharadas de miel
2 ajos
6 codornices
1 pithaya
Manera de hacerse:
Se desprenden con mucho cuidado los pétalos de las rosas, procurando no pincharse los
dedos, pues aparte de que es muy doloroso (el piquete), los pétalos pueden quedar
impregnados de sangre y esto, aparte de alterar el sabor del platillo, puede provocar
reacciones químicas, por demás peligrosas. Pero Tita era incapaz de recordar este pequeño detalle ante la intensa emoción que
experimentaba al recibir un ramo de rosas, de manos de Pedro. Era la primera emoción
profunda que sentía desde 'el día de la boda de su hermana, cuando escuchó la declaración del amor que Pedro sentía por ella y que trataba de ocultar a los ojos de los demás. Mamá
Elena, con esa rapidez y agudeza de pensamiento que tenia, sospechaba lo que podría pasar
si Pedro y Tita tenían oportunidad de estar a solas. Por tanto, haciendo gala de asombrosas
artes de prestidigitación, hasta ahora, se las había ingeniado de maravilla para ocultar al
uno de los ojos y el alcance del otro. Pero se le escapó un minúsculo detalle: a la muerte de
Nacha, Tita era entre todas las mujeres de la casa la más capacitada para ocupar el puesto
vacante de la cocina, y ahí escapaban de su riguroso control los sabores, los olores, las
texturas y lo que éstas pudieran provocar.
Tita era el último eslabón de una cadena de cocineras que desde la época prehispánica se
habían transmitido los secretos de la cocina de generación en generación y estaba
considerada como la mejor exponente de este maravilloso arte, el arte culinario. Por tanto su
nombramiento como cocinera oficial del rancho fue muy bien recibido por todo el mundo.
Tita aceptó el cargo con agrado, a pesar de la pena que sentía por la ausencia de Nacha.
Esta lamentable muerte tenia a Tita en un estado de depresión muy grande. Nacha, al
morir, la había dejado muy sola. Era como si hubiera muerto su verdadera madre. Pedro,
tratando de ayudarla a salir adelante, pensó que sería un buen detalle llevarle un ramo de
rosas al cumplir su primer año como cocinera del rancho. Pero Rosaura -que esperaba su
primer hijo- no opinó lo mismo, y en cuanto lo vio entrar con el ramo en las manos y dárselo
a Tita en vez de a ella, abandonó la sala presa de un ataque de llanto.
Mamá Elena, con sólo una mirada, le ordenó a Tita salir de la sala y deshacerse de las
rosas. Pedro se dio cuenta de su osadía bastante tarde. Pero Mamá Elena, lanzándole la
mirada correspondiente, le hizo saber que aún podía reparar el daño causado. Así que,
pidiendo una disculpa, salió en busca de Rosaura. Tita apretaba las rosas con tal fuerza
contra su pecho que, cuando llegó a la cocina, las rosas, que en un principio eran de color
rosado, ya se habían vuelto rojas por la sangre de las manos y el pecho de Tita.