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Como Agua Para Chocolate, Como Agua Para Chocolate Ep 4 – Text to read

Como Agua Para Chocolate, Como Agua Para Chocolate Ep 4

고급2 스페인어의 lesson to practice reading

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Como Agua Para Chocolate Ep 4

no sabía explicar lo que

sentía. Lástima que en aquella época no se hubieran descubierto los hoyos negros en el

espacio, porque entonces le hubiera sido muy fácil comprender que sentía un hoyo negro en

medio del pecho, por donde se le colaba un frío infinito.

Cada vez que cerraba los ojos podía revivir muy claramente las escenas de aquella noche

de Navidad, un año atrás, en que Pedro y su familia habían sido invitados por primera vez a

cenar a su casa, y el frío se le agudizaba. A pesar del tiempo transcurrido, ella podía recordar

perfectamente los sonidos, los olores, el roce de su vestido nuevo sobre el piso recién

encerado; la mirada de Pedro sobre sus hombros... ¡Esa mirada! Ella caminaba hacia la mesa

llevando una charola con dulces de yemas de huevo cuando la sintió, ardiente, quemándole

la piel. Giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Pedro. En ese momento

comprendió perfectamente lo que debe sentir la masa de un buñuelo al entrar en contacto

con el aceite hirviendo. Era tan real la sensación de calor que invadía todo su cuerpo que

ante el temor de que, como a un buñuelo, le empezaran a brotar burbujas por todo el cuerpo

-la cara, el vientre, el corazón, los senos- Tita no pudo sostenerle esa mirada y bajando la

vista cruzó rápidamente el salón hasta el extremo opuesto, donde Gertrudis pedaleaba en la

pianola el vals Ojos de juventud. Depositó la charola sobre una mesita de centro, tomó

distraídamente una copa de licor de Noyó que encontró en su camino y se sentó junto a

Paquita Lobo, vecina del rancho. El poner distancia entre Pedro y ella de nada le sirvió;

sentía la sangre correr abrasadoramente por sus venas. Un intenso rubor le cubrió las

mejillas y por más esfuerzos que hizo no pudo encontrar un lugar donde posar su mirada.

Paquita notó que algo raro le pasaba y mostrando gran preocupación la interrogó:

-Qué rico está el licorcito, ¿verdad?

-¿Mande usted?

-Te veo muy distraída Tita, ¿te sientes bien?

-Sí, muchas gracias.

-Ya tienes edad suficiente como para tomar un poco de licor en ocasiones especiales,

pilluela, pero dime, ¿cuentas con la autorización de tu mamá para hacerlo? Porque te noto

agitada y temblorosa -y añadió lastimeramente-, mejor ya no tomes, no vayas a dar un

espectáculo.

¡Nada más eso le faltaba! Que Paquita Lobo pensara que estaba borracha. No podía

permitir que le quedara la menor duda, o se exponía a que fuera a llevarle el chisme a su

mamá. El terror a su madre la hizo olvidarse por un momento de la presencia de Pedro y

trató por todos los medios de convencer a Paquita de la lucidez de su pensamiento y de su

agilidad mental. Platicó con ella de algunos chismes y bagatelas. Inclusive le proporcionó la

receta del Noyó, que tanto la inquietaba. Este licor se fabrica poniendo cuatro onzas de

almendras de albérchigo y media libra de almendras de albaricoque en una azumbre de

agua, por veinticuatro horas, para que aflojen la piel; luego se pelan, se quebrantan y se

ponen en infusión en dos azumbres de agua ardiente, por quince días. Después se procede a

la destilación. Cuando se han desleído perfectamente dos libras y media de azúcar

quebrantada en el agua, se le añaden cuatro onzas de flor de naranja, se forma la mezcla y

se filtra. Y para que no quedara ninguna duda referente a su salud física y mental, le recordó

a Paquita, así como de refilón, que la equivalencia del azumbre es 2.016 litros, ni más ni

menos.

Así que cuando Mamá Elena se acercó a ellas para preguntarle a Paquita si estaba bien

atendida, ésta entusiasmada respondió:

-¡Estoy perfectamente! Tienes unas hijas maravillosas. ¡Y su conversación es fascinante!

Mamá Elena le ordenó a Tita que fuera a la cocina por unos bocadillos para repartir entre

todos los presentes. Pedro, que en ese momento pasaba por ahí, no por casualidad, se ofreció

a ayudarla. Tita caminaba apresuradamente hacia la cocina, sin pronunciar una sola

palabra. La cercanía de Pedro la ponía muy nerviosa. Entró y se dirigió con rapidez a tomar

una de las charolas con deliciosos bocadillos que esperaban pacientemente en la mesa de la

cocina.

Nunca olvidaría el roce accidental de sus manos cuando ambos trataron torpemente de

tomar la misma charola al mismo tiempo.

Fue entonces cuando Pedro le confesó su amor.

-Señorita Tita, quisiera aprovechar la oportunidad de poder hablarle a solas para decirle

que estoy profundamente enamorado de usted. Sé que esta declaración es atrevida y

precipitada, pero es tan difícil acercársele, que tomé la decisión de hacerlo esta misma noche.

Sólo le pido que me diga si puedo aspirar a su amor.

-No sé qué responderle; deme tiempo para pensar.

-No, no podría, necesito una respuesta en este momento: el amor no se piensa, se siente o

no se siente. Yo soy hombre de pocas, pero muy firmes palabras. Le juro que tendrá mi amor

por siempre. ¿Qué hay del suyo? ¿Usted también lo siente por mí?

-¡Sí!

Sí, sí y mil veces sí. Lo amó desde esa noche para siempre. Pero ahora tenía que renunciar a

él. No era decente desear al futuro esposo de una hermana. Tenía que tratar de ahuyentarlo

de su mente de alguna manera para poder dormir. Intentó comer la torta de Navidad que

Nacha le había dejado sobre su buró, junto con un vaso de leche. En muchas otras ocasiones

le había dado excelentes resultados. Nacha, con su gran experiencia, sabía que para Tita no

había pena alguna que no lograra desaparecer mientras comía una deliciosa torta de

Navidad. Pero no en esta ocasión. El vacío que sentía en el estómago no se alivió. Por el

contrario, una sensación de náusea la invadió. Descubrió que el hueco no era de hambre;

más bien se trataba de una álgida sensación dolorosa. Era necesario deshacerse de este

molesto frío.

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