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Como Agua Para Chocolate, Como Agua Para Chocolate Ep 17 – Text to read

Como Agua Para Chocolate, Como Agua Para Chocolate Ep 17

고급2 스페인어의 lesson to practice reading

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Como Agua Para Chocolate Ep 17

si así lo hubiera deseado.

Como Rosaura estuvo delicada algunos días, a nadie le extrañó que

Tita se encargara de darle de comer a su sobrino; lo que nunca descubrieron fue la manera

en que lo hacia, pues Tita, con la ayuda de Pedro, puso mucho cuidado en que nadie la viera.

El niño, por tanto, en lugar de ser un motivo de separación entre ambos, terminó por

unirlos más.

Tal parecía que la madre del niño era Tita y no Rosaura. Ella así lo sentía y así

lo demostraba.

El día del bautizo, ¡con qué orgullo cargaba a su sobrino y lo mostraba a

todos los invitados!

Rosaura no pudo estar presente más que en la iglesia pues aún se sentía

mal.

Tita entonces tomó su lugar en el banquete.

El doctor John Brown miraba a Tita embelesado.

No le podía quitar los ojos de encima.

John había asistido al bautizo sólo para ver si podía conversar con ella a solas.

A pesar de

que se veían a diario durante las visitas médicas que John le hacía a Rosaura, no habían

tenido la oportunidad de platicar libremente y sin ninguna otra persona presente.

Aprovechando que Tita caminaba cerca de la mesa donde él se encontraba, se levantó y se le

acercó con el pretexto de ver al niño.

-¡Qué bien se ve este niño, al lado de una tía tan bella!

-Gracias doctor.

-Y eso que no es su propio hijo, ya me imagino lo bonita que se va a ver cuando el niño

que cargue sea el suyo.

Una nube de tristeza cruzó por el semblante de Tita.

John la detectó y dijo:

-Perdón, parece que dije algo incorrecto.

-No, no es eso.

Lo que pasa es que yo no me puedo casar, ni tener hijos, porque tengo que

cuidar a mi mamá hasta que muera.

-¡Pero cómo!

Eso es una tontería.

-Pero así es.

Ahora le ruego que me disculpe, voy a atender a mis invitados.

Tita se alejó rápidamente, dejando a John completamente desconcertado.

Ella también lo

estaba, pero se recuperó de inmediato al sentir en sus brazos a Roberto.

Qué le importaba su

destino mientras pudiera tener cerca a ese niño, que era más suyo que de nadie.

Realmente

ella ejercía el puesto de madre sin el título oficial.

Pedro y Roberto le pertenecían y ella no

necesitaba nada más en la vida.

Tita estaba tan feliz que no se dio cuenta de que su madre, lo mismo que John, aunque

por otra razón, no la perdía de vista un solo instante.

Estaba convencida de que algo se

traían entre manos Tita y Pedro.

Tratando de descubrirlo, ni siquiera comió, y estaba tan

concentrada en su labor de vigilancia, que le pasó desapercibido el éxito de la fiesta.

Todos

estuvieron de acuerdo en que gran parte del mismo se debía a Tita, ¡el mole que había

preparado estaba delicioso!

Ella no paraba de recibir felicitaciones por sus méritos como

cocinera y todos querían saber cuál era su secreto.

Fue verdaderamente lamentable que en el

momento en que Tita respondía a esta pregunta diciendo que su secreto era que había

preparado el mole con mucho amor, Pedro estuviera cerca y los dos se miraran por una

fracción de segundo con complicidad, recordando el momento en que Tita molía en el metate,

pues la vista de águila de Mamá Elena, a 20 metros de distancia, detectó el destello y le

molestó profundamente.

Entre todos los invitados ella era realmente la única molesta, pues curiosamente, después

de comer el mole, todos habían entrado en un estado de euforia que los hizo tener reacciones

de alegría poco comunes.

Reían y alborotaban como nunca lo habían hecho y pasaría

bastante tiempo antes de que lo volvieran a hacer.

La lucha revolucionaria amenazaba con

acarrear hambre y muerte por doquier.

Pero en esos momentos parecía que todos trataban

de olvidar que en el pueblo había muchos balazos.

La única que no perdió la compostura fue Mamá Elena, que estaba muy ocupada en

buscar una solución a su resquemor, y aprovechando un momento en que Tita estaba lo

suficientemente cerca como para no perder una sola de las palabras que ella pronunciara, le

comentó al padre Ignacio en voz alta:

-Por cómo se están presentando las cosas padre, me preocupa que un día mi hija Rosaura

necesite un médico y no lo podamos traer, como el día en que dio a luz.

Creo que lo más

conveniente sería que en cuanto tenga más fuerzas se vaya junto con su esposo y su hijito a

vivir a San Antonio, Texas, con mi primo.

Ahí tendrá mejor atención médica.

-Yo no opino lo mismo doña Elena, precisamente por cómo está la situación política, usted

necesita de un hombre en casa que la defienda.

-Nunca lo he necesitado para nada, sola he podido con el rancho y con mis hijas.

Los

hombres no son tan importantes para vivir padre -recalcó-.

Ni la revolución es tan peligrosa

como la pintan, ¡peor es el chile y el agua lejos!

-¡No, pues eso sí!

-respondió riéndose-. ¡Ah, qué doña Elena! Siempre tan ocurrente. Y,

dígame, ¿ya pensó dónde trabajaría Pedro en San Antonio?

-Puede entrar a trabajar como contador en la compañía de mi primo, no tendrá problema,

pues habla inglés a la perfección.

Las palabras que Tita escuchó resonaron como cañonazos dentro de su cerebro.

No podía

permitir que esto pasara.

No era posible que ahora le quitaran al niño. Tenía que impedirlo a

como diera lugar.

Por lo pronto, Mamá Elena logró arruinarle la fiesta. La primera fiesta que

gozaba en su vida.

Continuará

Continuará...

Siguiente receta:

Chorizo norteño

Chorizo norteño

V.

Mayo

INGREDIENTES:

8 kilos de lomo de puerco

2 kilos de retazo o cabeza de lomo

1 kilo de chile ancho

60 g de cominos

60 g de orégano

30 g de pimienta

6 g de clavo

2 tazas de ajos

2 litros de vinagre de manzana

de kilo de sal

Manera de hacerse:

Manera de hacerse:

El vinagre se pone en la lumbre y se le incorporan los chiles, a los que previamente se les

han quitado las semillas.

En cuanto suelta el hervor, se retira del fuego y se le pone a la olla

una tapadera encima, para que los chiles se ablanden.

Chencha puso la tapa y corrió a la huerta a ayudara Tita en su búsqueda de lombrices.

De

un momento a otro llegaría a la cocina Mamá Elena a supervisar la elaboración del chorizo y

la preparación del agua para su baño y estaban bastante atrasadas en ambas cosas.

El

motivo era que Tita, desde que Pedro, Rosaura y el niño se habían ido a vivir a San Antonio,

Texas, había perdido todo interés en la vida, exceptuando el que le despertaba un indefenso

pichón al que alimentaba con lombrices.

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