×

우리는 LingQ를 개선하기 위해서 쿠키를 사용합니다. 사이트를 방문함으로써 당신은 동의합니다 쿠키 정책.

image

La Gitanilla (Graded Reader), Capítulo 1. Preciosa

Capítulo 1. Preciosa

Una gitana vieja, que conocía muy bien la ciencia de Caco, crió a una muchacha como a una nieta. La llamó Preciosa y le enseñó muy bien las artes de hurtar y engañar propias de los gitanos. Se convirtió Preciosa en la más hábil bailadora y la más hermosa y discreta criatura no solo entre los gitanos, sino entre gentes de toda condaición. Ni siquiera todas las inclemencias del cielo a las que están expuestos los gitanos consiguieron deslustrar su rostro ni curtir sus manos. Además era muy cortés y bien razonada, y aunque era aguda y desenvuelta, era tan honesta que nadie osaba cantar cantares lascivos ni decir palabras no buenas en su presencia. Aprendió los mejores villancicos, coplas y seguidillas y cantaba como nadie los romances; con todas estas gracias vio su abuela que podía ella sola ganarse la vida y decidió enseñarle a valerse por sí misma.

Preciosa se crió viajando por toda Castilla y a los quince años su abuela putativa volvió con ella a su antiguo rancho en la Corte, en los campos de Santa Bárbara que es donde lo suelen tener los gitanos. El primer día que Preciosa entró en Madrid fue en la fiesta de Santa Ana, patrona de la villa. Fue con un grupo de cuatro gitanas ancianas, cuatro muchachas y un gran bailarín gitano. Preciosa era tan hermosa y aseada, que todos los que la miraban se enamoraban de ella. Todos admiraron su belleza y donaire cuando bailó al son del tamborín y las castañetas. Pero cuando la oyeron cantar, ¡allí nació la fama de la gitanilla! Unos decían: «¡Dios te bendiga, muchacha!», otros: «En verdad, que merecía ser hija de un gran señor», y otros más groseros: «¡A fe que está creciendo en ella una red para pescar corazones!».

Cuando se terminaron las fiestas de Santa Ana, se hablaba de Preciosa en toda la Corte. Quince días más tarde, volvió a Madrid con otras tres muchachas. La gitana vieja no se apartaba nunca de ella: era su Argos, porque temía que alguien pudiera engañarla y llevársela. La llamaba nieta y Preciosa pensaba que era su abuela. Se pusieron a bailar a la sombra en la calle Toledo, y quienes las seguían hicieron un corro. Mientras ellas bailaban, la vieja pedía limosna y le llovían ochavos y cuartos: la hermosura despierta la caridad dormida.

Cuando terminó el baile dijo Preciosa:

– Si me dan cuatro cuartos les cantaré un romance lindísimo, compuesto por un poeta verdadero.

– ¡Cántalo, Preciosa y te doy mis cuatro cuartos! –, dijeron a voces casi todos los que estaban en el corro.

Así granizaron sobre ella tantos cuartos, que la vieja no conseguía cogerlos todos. Hecha su vendimia, repicó Preciosa sus sonajas y cantó con gran brío un alegre y hermoso romance.

Más de doscientas personas estaban mirando el baile de las gitanas, cuando pasó por allí uno de los tenientes de la villa. El teniente escuchó un rato a la gitanilla y como fue de su agrado, mandó a un paje para hablar con la vieja: así, acordaron ir a cantar y bailar a casa de doña Clara, la mujer del teniente.

Acabaron el baile, se fueron de allí y en esto se acercó un paje a Preciosa. Le dio un papel doblado y le dijo:

– Preciosica, canta este romance, que es muy bueno y ya te daré otros; así te harás la mejor romancera del mundo.

– De buena gana lo haré si son honestos, –respondió Preciosa. Estuvieron de acuerdo y así se despidieron.

Siguieron las gitanas adelante, cuando desde una reja las llamaron unos caballeros. Se asomó Preciosa y vio en una rica sala varios caballeros que se entretenían jugando a diversos juegos.

– ¿Quieren darme barato, señores? –dijo Preciosa.

Al oírla dejaron los hombres el juego y la invitaron a entrar. Cuando entró Preciosa, un caballero vio el papel con el poema del paje, se lo quitó y al abrirlo cayó un escudo de oro. A Preciosa no le gustó el atrevimiento del poeta; por eso permitió al caballero leerlo en voz alta:

Preciosa joya de amor, esto humildemente escribe el que por ti muere y vive, pobre, aunque humilde amador.

– ¡Mala señal! –dijo Preciosa –. Los enamorados no deben decir que son pobres, la pobreza es enemiga del amor.

– ¿Quién te enseña eso, rapaza? –dijo uno.

– Nadie, ¿no tengo ya quince años? Los ingenios de las gitanas siempre se adelantan a los de las demás gentes, que el sustento de los gitanos es ser agudos y astutos. Tienen como maestros al diablo y al uso, que les enseñan en una hora lo que aprenderían en un año.

Quedaron sorprendidos los oyentes de la sabiduría y astucia de la muchacha, le dieron barato a la vieja y marcharon las gitanas a casa del teniente.

Learn languages from TV shows, movies, news, articles and more! Try LingQ for FREE