¿Tengo un trastorno mental?
Cada 10 de octubre se celebra el Día de la Salud Mental, lo que es muy importante porque
se calcula que entre 400 y 800 millones de personas tienen algún tipo de desorden
psicológico. ¡Y las cifras son más altas cada año! Así que es prudente preguntarnos...
¿Tengo un trastorno mental?
Diferentes culturas han tratado las perturbaciones del razonamiento, la emoción y la conducta de
diferentes maneras. Para algunas tribus, la causa de cierto trastorno violento era que la persona
estaba poseída por algún espíritu maligno, mientras que en otros grupos, si alguien era
propenso a oír voces o entrar en trance, se le nombraba “chamán” y se volvía un puente hacia el
mundo espiritual. Para los griegos los problemas mentales eran causados por el desbalance de cuatro
fluidos corporales. Hipócrates fue de los primeros en localizar en el cerebro la habilidad de pensar.
En la Edad Media se empieza a usar el término “loco” para designar a todos
los que se comportaban fuera de lo normal. Se pensaba que se trataba de posesiones demoníacas
o por la influencia de la luna (por eso se les llamaba “lunáticos) y algunos médicos creían
que la causa era que a los pacientes se les había formado una piedra en el cerebro y se les hacían
operaciones para sacarlas. Michel Foucault dice que hasta esa época se pensaba que los llamados
locos tenían algún tipo de sabiduría especial, y a veces era cierto, pero la verdad es que en
la mayoría de los casos la gente con trastornos era maltratada. En el Renacimiento se les excluye
de las ciudades y se crean hospitales donde, más que tratar de que mejoraran,
eran encerrados junto con los delincuentes, las prostitutas y los alcohólicos. Se cuenta
la leyenda de las “naves de los locos” en donde embarcaban a personas con discapacidades mentales
de todo tipo y los abandonaban a su suerte. Es hasta el Siglo Dieciocho cuando Philippe Pinel,
padre de la psiquiatría, ofrece las primeras explicaciones médicas y comienza a distinguir
los trastornos en cuatro tipos: manía, melancolía, mutismo y demencia. Y aunque aboga por mejorar el
trato de los pacientes, se les sigue encerrando en manicomios y en sus tratamientos aplica duchas
heladas y la recién inventada camisa de fuerza. Samuel Tuke separa a los pacientes violentos de
los pacíficos e insiste en darles un “trato moral” que incluye comida y ropa y tratar a
cada uno según su conducta: premios para los que se portan bien y castigos para los que
no. Las personas con trastornos han sido objeto de tortura hasta bien entrado el Siglo Veinte,
cuando todavía eran comunes la “terapia de electroshock” y las lobotomías.
Aunque el estigma aún no ha desaparecido, actualmente se está tratando de entender que
las personas con desórdenes mentales no son “los otros”, sino “nosotros”. La OMS calcula
que una de cada seis personas padecerá alguna enfermedad mental en algún momento de su vida,
y se han catalogado cerca de 300 trastornos diferentes, clasificados en siete tipos:
Trastornos de ansiedad
Desórdenes de la alimentación Desórdenes del estado de ánimo
Desórdenes de personalidad Desórdenes psicóticos
Desórdenes de abuso de sustancias Y desórdenes causados por traumas
Los más comunes son los relacionados con la depresión y la ansiedad,
seguidos por la demencia y el déficit de atención. Se estima que los problemas de
salud mental llevan al suicidio a 800 mil personas al año ¡Una cada 40 segundos! Eso es más que las
personas que mueren por homicidios y guerras. Pero ¿qué causa los trastornos mentales? No
tienen una causa única. Se ha descubierto que hay una correlación entre ciertos trastornos y alguna
falta de neurotransmisores en el cerebro, pero no se ha demostrado que el “desbalance químico” sea
la causa de la enfermedad mental. Un trastorno mental se puede ocasionar por muchos factores:
desde predisposiciones genéticas, hasta lesiones cerebrales o la exposición a algunas sustancias,
pero también haber vivido experiencias traumáticas o de abuso o incluso vivir en un entorno social
opresivo. Ciertas culturas propician más el desarrollo de unos trastornos que de otros.
¿Y cómo saber si tengo un desorden mental? Primero que nada, no te alarmes: todos tenemos
días tristes, episodios de enojo o momentos en los que nos falla la memoria o la atención:
tener salud mental no significa estar alegre y productivo todo el tiempo. La condición
humana incluye todos los estados mentales y de ánimo. Entonces ¿Cuándo deberías buscar ayuda?
Si te parece que llevas mucho tiempo sin “días buenos”, o si las perturbaciones de tu conducta,
tus emociones o tus pensamientos te dificultan tus actividades cotidianas,
o si tienes pensamientos que te incitan a hacerte daño a ti o al los demás, es posible que
tengas un trastorno mental ¡Busca acompañamiento profesional! Pero no te esperes a que las cosas
sean tan graves. No hay una frontera precisa que separe a una mente sana de una con un trastorno:
se trata de un gradiente contínuo. Y no tiene nada de malo visitar a un psicólogo si sientes:
Confusión o dificultad para concentrarte Falta de ánimos para realizar
actividades que antes disfrutabas Exceso de preocupaciones o sentimientos de culpa
Si sientes que te separas de la realidad o ves cosas que no existen
Si tienes problemas para entender las situaciones o para solucionar los problemas
Si tienes dificultades con tu manera de comer o de beber
Si no puedes dormir o duermes demasiado Si se te dificulta manejar tu enojo y agresividad
¿Qué puedo hacer para evitar tener un trastorno de este tipo? Los expertos
aconsejan practicar la resiliencia mental, es decir, la capacidad
psicológica de superar las dificultades. ¿Cómo lo logramos? Aquí ocho sugerencias:
Cultiva relaciones con familiares y amigos cercanos. Acepta su apoyo y
propicia la comunicación con ellos. Plantéate metas posibles y realiza
actividades que puedas hacer cada día para avanzar hasta alcanzarlas.
Si encuentras situaciones adversas, toma decisiones y actúa: las cosas rara vez se
resuelven solas. Incluso si tu decisión no fue acertada, tendrás la satisfacción
de haber hecho lo que pudiste. Ante las crisis, míralas como
asuntos que puedes superar. Si sus resultados no son lo que esperabas,
aprende a aceptarlos y a darles un significado. Si notas que tus pensamientos derivan hacia el
remordimiento o el reproche ¡páralos y busca algo más en qué pensar! Una
cosa es analizar errores y otra caer en la ruminación que lleva a la depresión.
Cuídate. Aliméntate de manera saludable y realiza ejercicio: un estudio encontró que
quienes se ejercitaban tenían hasta un 42% menos “días malos”que quienes eran
sedentarios. ¡Y busca actividades que disfrutes! ¡Expande tu mente! Expresarte artísticamente,
por ejemplo a través de la música o la escritura, puede ayudarte a procesar
tus emociones. Practicar la meditación también puede tener efectos muy positivos.
Ayúdate ayudando. Se ha reportado que involucrarte en actividades como la ayuda comunitaria o
apoyar a los menos favorecidos tiene efectos favorables en la salud y resiliencia mental.
Y si conoces a alguien con alguna perturbación mental ¡no lo discrimines! Visítalo, escúchalo,
ofrécele tu apoyo. ¡No se trata de excluir a nadie como en la Edad Media! Recuerda que no
hay una distinción tajante que divida a personas saludables de quienes tienen un desorden. Incluso
se podría decir que el término “enfermedad” o “trastorno mental” no son tan útiles. Actualmente
se habla de neurodiversidad: el reconocimiento de que ninguna mente es idealmente “normal”:
todos tenemos variaciones que nos hacen ser únicos, y todos tenemos derecho a
buscar ayuda para sentirnos mejor ¡sin que nos llamen “locos”! ¡Curiosamente!
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