¿Qué pasa en Ucrania y por qué? 🇺🇦
Todo fenómeno social es complejo, especialmente los conflictos, y aún más si ese conflicto aún
se está desarrollando. Por eso, cualquier explicación inevitablemente dejará fuera
algunos factores, actores o movimientos que para otros parecerán cruciales. Por eso,
en esta explicación sobre el conflicto en Ucrania no pretendemos ser exhaustivos,
sino simplemente poner a tu disposición algunos elementos que pueden ayudar a empezar a entender…
¿Qué pasa en Ucrania?
Ucrania es este país en medio de Europa del este. Al parecer su nombre proviene del eslavo antiguo
krajina, que significa “frontera”, y que en ucraniano significa, simplemente, la tierra,
el país. Se trata de una región muy próspera desde tiempos antiguos: Demóstenes la consideraba
“el granero de Grecia”. Es posible que Kiev, su capital, se haya establecido desde hace unos 1500
años, y fue en el Siglo 9 cuando los pobladores, llamados los rus, formaron una federación de
tribus llamada la Rus de Kiev que en los siglos siguientes sentó las bases para la identidad
nacional de bielorrusos, rusos y ucranianos. Esta región constantemente ha estado en disputa:
en el Siglo Trece los mongoles devastaron el país y luego se formaron los principados de
Galicia y Volinia. En el Siglo Catorce la mayor parte del territorio fue controlado por el Gran
Ducado de Lituania y luego por la Mancomunidad de Polonia-Lituania. En el Siglo Dieciocho el
Zar ruso se anexó el kanato de crimea y luego emprendió una rusificación de la cultura ucraniana
y antes de empezar la Primera Guerra Mundial el territorio estaba dominado por Austria y Rusia:
por eso, en la guerra, Ucrania peleó en los dos bandos al mismo tiempo. Pero con el colapso del
imperio Ruso en 1917 aparece un movimiento nacional por la independencia de Ucrania.
Del lado austrohúngaro, la República Popular de Ucrania duró poco, pero del otro lado,
en 1919, declara su independencia la República Popular Ucraniana. La Revolución Bolchevique
que ocurría en Rusia llegó hasta Ucrania para finalmente dar origen a la República Socialista
Soviética de Ucrania, una de las quince repúblicas de la gigantesca Unión Soviética.
Al principio el gobierno comunista, con una política llamada korenizatsia, le dio
bastante autonomía a la organización, cultura, e idioma ucranianos e incluso mejoró la salud,
la educación y los derechos de la mujer, pero cuando Iósif Stalin tomó el poder en Rusia,
todo esto cambió. Se suprimió la korenización y además, con el fin de controlar todo,
Stalin centralizó la producción: expropió las tierras y el ganado de los campesinos y concentró
las cosechas con el fin de distribuirlas de una manera supuestamente racional. Esta política fue
conocida después como Holodomor y lo que realmente ocurrió es que, mientras el grano se consumía
en las ciudades o se pudría en las bodegas, los habitantes de la Unión Soviética rural,
especialmente de Ucrania, morían de hambre. El Holodomor fue prácticamente un genocidio
que costó la vida de 12 millones de personas. No sorprende entonces que, cuando, en la Segunda
Guerra Mundial los alemanes pelearon contra la Unión Soviética, muchos ucranianos, especialmente
occidentales, vieran como libertadoras a las tropas nazis. Pero los alemanes pensaban también
en colonizar esas tierras para incorporarlas a su régimen. Muchos ucranianos pelearon del lado
del ejército rojo, pero otros lucharon junto a los nazis, como la Organización de Nacionalistas
Ucranianos. Pero los nazis conservaron el sistema ruso y además sistemáticamente buscaban exterminar
a la población judía. Finalmente fueron derrotados y se retiraron. Ucrania siguió siendo parte de la
Unión Soviética hasta 1991, donde por fin se llevó a cabo la Declaración de Independencia de Ucrania.
Actualmente en Ucrania convive una mayoría culturalmente ucraniana,
con una minoría de habla rusa. En 2013, el presidente de Ucrania
Víktor Yanúkovich rechazó un acuerdo de asociación con la Unión Europea y decidió estrechar sus lazos
con Rusia, lo que provocó una serie de protestas conocidas como “las protestas del Euromaidán”,
por la plaza donde comenzaron. Y en 2014 Yanúkovich dimitió y fue elegido presidente
Petró Poroshenko, quien, aún sin firmar algo formalmente, se alineó con el bloque de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, la alianza que agrupa, entre otros,
a Estados Unidos y muchos países de Europa. El acuerdo de la OTAN es algo así como “si atacas a
uno de nosotros, te atacamos todos”. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, percibió esto como
amenaza y aprovechando que Crimea tiene un número significativo de habitantes rusófilos emprendió
una operación militar que culminó con la anexión de esta península a la federación Rusa en 2014.
En 2016 Ucrania se integró al mercado europeo y el presidente Volodímir Zelenski, elegido en 2019, ha
impulsado avances para unirse a la Unión Europea e incluso a la OTAN. Estas actitudes no agradaron a
Putin, en parte por su ambición de anexar Ucrania, y en parte porque la posibilidad de tener bases
militares de la OTAN –o incluso misiles– tan cerca de su frontera, le parece un riesgo a la seguridad
rusa. Las bases militares de Estados Unidos y sus aliados tienen una presencia cada vez más global.
Un factor más: gran parte de Europa del Este, incluyendo Alemania, depende de la energía en
forma de petróleo y gas que le provee Rusia. Y oleoductos importantes, como el Druzhba,
pasan a través de Ucrania. Controlar esta región en un mundo adicto al petróleo es
de vital importancia para ambos bandos. Y, a pesar de que una abrumadora mayoría de
ucranianos desean mantener su independencia, Putin ha llegado a argumentar que Ucrania no
existe y nunca ha existido: que es simplemente una parte de Rusia que hay que recuperar. No
muy diferente que lo que el Estado de Israel ha argumentado acerca de Palestina, en otro
conflicto que también deberíamos voltear a ver. Como en todos los países, en Ucrania existen
diferentes perspectivas y movimientos políticos. Unos simpatizan más con los rusos, otros más
con los europeos e incluso hay movimientos extremistas de extrema derecha de corte neo-nazi,
como el partido político llamado Sbovoda, surgido del Partido Social–Nacionalista. Son pocos,
pero algunos de sus simpatizantes tienen puestos en el gobierno ucraniano. La existencia de estos
grupos ha dado un pretexto perfecto a Putin para invadir Ucrania en 2022..
La respuesta de los países de la OTAN, hasta ahora, no ha sido militar: además de enviar
ayuda al ejército Ucraniano, lo que se ha hecho es imponer sanciones a Rusia como dejar de comprar
petróleo, imponer impuestos a las importaciones de productos rusos y prohibir los vuelos a ese país,
impedir a los bancos rusos que usen el sistema Swift de transferencias
internacionales y otras medidas financieras. No sabemos cómo va a acabar esta crisis,
pero sí sabemos que va a afectar a todo el mundo: la escasez de petróleo se reflejará en
un incremento en los precios de los hidrocarburos, la falta de producción de grano provocará escasez
de trigo y sus derivados en toda Europa. Y aún más: los países involucrados están aumentando sus
presupuestos militares, lo que redundará en una reducción de los presupuestos dedicados a salud,
educación o combate al cambio climático. Mientras tanto, las acciones de las empresas
que fabrican y venden armas (casi todas de ellas de Estados Unidos y de Europa) siguen aumentando.
Lo que sí sabemos es que las guerras son producto de las ambiciones de los dirigentes
ricos y poderosos y quienes más sufren son la gran mayoría de las personas involucradas:
la gente no quiere la guerra que sólo trae dolor, hambre y desconsuelo. Incluso la población rusa ha
salido a protestar a las calles. Y mientras nos preocupa el grave conflicto en Ucrania,
recordemos también que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN han participado en numerosas
intervenciones militares en todo el mundo. Ante estos conflictos que nos rebasan ¿Qué
podemos hacer nosotros? Cancelar los conciertos de compositores rusos como Tchaikovski o Prokofiev,
o dejar de leer a Tolstoi y Dostoievski, quienes si estuvieran vivos probablemente
se hubieran opuesto a la guerra, no ayuda en nada y sí contribuye a denostar a todo
un pueblo y una cultura. Lo que sí podemos hacer es ayudar a las víctimas del conflicto:
desplazados y refugiados que no tienen la seguridad de dónde van a vivir o qué van
a comer. ACNUR es el organismo de las Naciones Unidas encargado de proteger a los refugiados y
desplazados por persecuciones o conflictos, y promover soluciones duraderas. Si tienes
la posibilidad de apoyar, entra a su página en acnur.org y ayuda a la gente en Ucrania,
o en África, Afganistán, México o en cualquier otro lugar donde hay personas
forzadas a dejar sus hogares. ¡Curiosamente! Si este video te pareció interesante,
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