¿Por qué vemos cosas que no existen? Pareidolia
Estudio Haini presenta… ¡Jesús en una tortilla! ¡La Virgen María
en un queso asado! ¡La madre Teresa de Calcuta en un rol de canela! ¿Es posible que estos
seres espirituales se manifiesten de esta deliciosa manera?
Entonces¿por qué un perro tendría el poder sobrenatural de aparecer en una puerta, y
una figura, ejem, “curiosa”, de darle forma a un rábano? ¿será? ¿O será más
bien que son formas creadas por el azar y nosotros las interpretamos como algo conocido?
No se trata de ilusiones ópticas, eso es otra cosa. Sucede que los seres humanos tenemos
una capacidad asombrosa llamada “pareidolia”, que nos permite distinguir con rapidez figuras
conocidas, sobre todo rostros. Nuestro cerebro tiene una región llamada Área Fusiforme
Facial, especializada en el reconocimiento de caras. Es un mecanismo tan rápido y eficaz
que, una vez que identifica un rostro, es prácticamente imposible dejar de verlo, por
mucho que la razón insista en que eso no es una persona.
Esto no es un defecto, sino una adaptación evolutiva que nos ha permitido sobrevivir.
Distinguir en décimas de segundo, y sin pensarlo, entre la cara de un amigo y de una fiera puede
salvarnos la vida. Reconocer a nuestros hijos o a nuestros padres es esencial para formar
lazos de protección mutua, y saber de inmediato si lo que estás diciendo está complaciendo
o disgustando a tu pareja ¡es importantísimo para la conservación de la especie!
La pareidolia es el mismo fenómeno que hace que encontremos formas en las nubes, o que
los antiguos, con más tiempo libre que nosotros, vieran animales y seres mitológicos en las
constelaciones. Como prueba de que las representaciones no
están ahí, sino que son nuestras mentes las que les dan sentido a figuras accidentales,
mira los cráteres de la Luna. Los norteamericanos ven la cara de un hombre, los europeos a una
persona con una pesada carga a la espalda, los chinos, el perfil de una hermosa diosa
y los taoístas un sapo. En Nueva Zelanda es una doncella sentada. En Latinoamérica
vemos un conejito de perfil, y los japoneses también ven un conejo, pero haciendo pasteles
de arroz. Lo que muestra que lo que vemos está fuertemente influenciado por nuestra
cultura. La pareidolia es una forma de apofenia, que
es la tendencia general que tenemos los seres humanos de percibir patrones o significados
a partir de datos aleatorios. Se trata de una capacidad muy útil: necesitamos darle
orden y explicación a lo que sucede en la realidad. Si algo nos distingue a los humanos
es que le damos sentido a todo, pero muchas veces creemos erróneamente que ese sentido
está ahí, en las cosas, cuando somos nosotros quienes lo construimos.
Encontrar estos patrones puede ser inofensivo, y hasta divertido. Ver un rostro en una montaña
de Marte es inevitable. Pero asegurar que se trata de las ruinas de una civilización
extraterrestre y que las fotos de esa misma montaña con otra iluminación son parte de
una conspiración para ocultar la verdad… es un caso de apofenia desbocada. O cuando
se toca una canción al revés… seguro no entiendas nada, pero si te digo
que escuches la frase “Hoy cena galletas y mañana a merendar”, estoy “primando”
tu mente y la próxima vez que la oigas (CANCIÓN) la pareidolia entra en acción… y con la
apofenia al volante hasta puedes llegar a pensar que el cantante lo hizo a propósito
con quién sabe qué oscuras intenciones. A estos fenómenos mentales no los podemos
eliminar, pero sí podemos estar atentos y darnos cuenta de cuándo ocurren para evitar
que dominen nuestro pensamiento y nuestra conducta. Porque el escepticismo es parte
importante de nuestra sana y curiosa mente. ¡Suscríbete a nuestro canal y comparte este
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