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CuriosaMente - Videos Interessantes, ¿Por qué nos gusta EL CHISME?

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¿Por qué nos gusta EL CHISME?

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¡Nunca pares de aprender!

¡Psst ¿Supiste lo que Rosa dijo de tí?

¿No?

No es que me guste el chisme, pero Tito me contó que Tina oyó cuando Don Malaquías

le hablaba de que Rosa, que es medio chismosita, estaba diciendo algo de tí que ¡Qué barbaridad!

Pero entonces le digo “¡No, yo no creo!”

Porque yo sé que tú eres, pues…

así como eres, pero de eso no eres capaz ¿o sí?

¡No me digas!

¡Ah, el sabroso chismecito!

La murmuración, el rumor, el cotilleo…

¿Es bueno o es malo?

¿Desde cuándo existe?

Y, sobre todo…

¿Por qué el chisme nos gusta tanto?

Podemos definir “chisme” como el “intercambio de información sobre terceros ausentes”.

Lo más probable es que la palabra “chisme” provenga del griego skhizma, “separación”

porque se supone que puede dividir y enemistar a las personas.

En inglés se dice gossip, y proviene de god sibb, que traduciríamos como “compadre

o comadre”.

¿No es curioso que en español también le llamemos al chisme “comadreo”?

No es casual: en tiempos pasados, cuando una mujer daba a luz lo hacía en su casa y sólo

se permitían mujeres en la habitación: familiares, comadres y la mujer que atendía a la mujer

y al recién nacido durante el parto: la comadrona.

Y era común que, mientras esperaban que ocurriera el alumbramiento, todas se pusieran a platicar.

¿Será que las mujeres le entran más al chisme que los hombres?

Aunque así lo dice el estereotipo, la verdad es que no: los hombres somos tan chismosos

como las mujeres, si acaso lo que cambia es el estilo: mientras que las mujeres suelen

hacerlo de manera más específica y detallada, los hombres tendemos a dar opiniones más

generales.

Todo indica que el chisme es tan antiguo como el lenguaje.

El judaísmo considera que hablar mal de alguien a sus espaldas degrada la dignidad tanto de

la persona criticada como del chismoso.

La biblia dice que “los chismes son como golosinas, pero calan hasta lo más profundo”.

Y, en general, se juzga de manera negativa a las personas que murmuran.

Pero entonces ¿el chisme sirve de algo?

La mayoría de quienes estudian psicología social y lingüística están de acuerdo:

sin el chisme la sociedad prácticamente nunca hubiera existido.

El biólogo evolucionista Robin Dunbar dice que el chisme es fundamental para la cohesión

social en grupos grandes.

Lo que sucede es que para crear lazos, los seres humanos necesitamos generar confianza

y, mientras nuestro grupo social es pequeño, podemos saber cosas de las personas directamente

de ellas, pero al incrementarse la cantidad de miembros, es más práctico saber de los

demás a través de intermediarios.

Para Dunbar el acto de chismear es tan importante para los humanos, como lo es para los otros

simios el acto de acicalarse y espulgarse: las personas que comparten chismecito forman

vínculos de confianza y amistad más fuertes.

En un experimento de la Universidad de Dartmouth se puso a un grupo de personas a jugar un

juego en el que el éxito dependía de la confianza, pero quienes jugaban sólo podían

interactuar con un número reducido de participantes: para saber acerca de la conducta de los demás,

cada quién dependía de la información que su grupo cercano le daba.

El experimento mostró cómo el chisme permitía a las y los jugadores aprender de las experiencias

de los demás cuando no era posible la observación directa.

Además, al final, quienes podían charlar entre ellos se sentían más conectados que

al principio.

El chisme, entonces, cumple varias funciones: Es un mecanismo para diseminar información

útil.

“El jefe está de malas: se acaba de pelear con su esposa.

Mejor pídele el aumento en otra ocasión”.

Refuerza la moralidad y la rendición de cuentas.

Es un mecanismo informal de vigilancia social que para ponerle límites a quienes pretenden

“pasarse de la raya” Construye un sentido de comunidad, con valores

e intereses compartidos.

“¿Viste el vestido de María?

¡Está divino!

Te cuento dónde lo compró…”

Incluso puede iniciar procesos que ayuden a encontrar pareja gracias al consejo de los

demás.

“Conocí un chico que me gusta mucho para Ale, y es soltero.

¿Se lo presento?”

Por eso evolucionamos de manera que el chisme nos agrade: es una conducta que apoya las

relaciones sociales que a su vez nos dan soporte como individuos.

Además de que propagar y escuchar chismes genera endorfinas que dan esa sensación de

placer, estudios de resonancia magnética del cerebro han revelado que, en respuesta

al chisme positivo y negativo acerca de nosotros mismos, nuestras amistades e incluso de celebridades,

se activa la corteza prefrontal: la parte que regula nuestra conducta social.

Pero el chisme positivo activa la región orbital, mientras que el negativo, la región

medial.

Pero el chisme positivo, ese que habla bien de alguien, nos estimula más cuando es sobre

nosotros, y el negativo, cuando es sobre amigos y celebridades: ¡por eso nos encanta oír

los escándalos de la gente famosa, mientras que las cosas buenas que hacen nos dejan indiferentes!

Entonces ¡a chismear!

¡Ejem!

¡Ah, no un momento!

Que el chisme no es puro beneficio.

Uno de los problemas más graves es que, a través del chisme, la información suele

distorsionarse, ya sea por mala intención o porque simplemente al pasar de persona en

persona, cada quien añade exageraciones, omite detalles importantes, o simplemente

hace énfasis en diferentes aspectos.

En resumen: el chisme, por definición, no es confiable.

Y puede degenerar en problemas tan graves como noticias falsas o teorías conspiranoicas.

Y si el chisme lo practica una persona con mala intención, puede lograr lo contrario

de la cohesión social: puede generar horribles ambientes de trabajo, causar depresión y

aislamiento a la persona criticada e incluso destruir amistades, empresas y familias.

Por eso, aunque puede ser entretenido e informativo, no es aconsejable formarse opiniones definitivas

ni tomar decisiones importantes basándose en los chismes.

Siempre es mejor contrastar la información con otras fuentes, y de ser posible hablar

directamente con la persona involucrada.

Las personas que difunden chismes negativos suelen hacerlo en un esfuerzo por pertenecer,

por agradar o incluso por ejercer poder.

Algunos psicólogos afirman que puede ser que una carencia de autoestima lleve a la

persona a chismear para sentirse superior.

Pero un estudio mostró que, si chismeas demasiado, pierdes el agrado de tus amigos, y es peor

cuando ese chisme es negativo: se suele ver al chismoso como a alguien poco digno de confianza.

La curiosidad y la comunicación son parte intrínseca del ser humano, y el chisme estimula

esas pulsiones.

Pero, si vas a decir algo, pregúntate como Sócrates: ¿lo que voy a decir es verdadero,

es necesario y, sobre todo, procura el bien?

Si no, mejor evita el chisme.

Y si sí es así ¿por qué no decirlo abiertamente frente a la persona?

¡Curiosamente!

¿Te pasamos un buen chisme?

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