¿Los animales tienen TRASTORNOS MENTALES?
¡No, Mefistófeles, no te comas la cobija!
¡Ya, Solovino, deja de ladrar, no hay nadie afuera!
A veces los animales se comportan de maneras tan peculiares que llegan a causarnos consternación.
Al no podernos comunicar con palabras su conducta se vuelve un misterio. Por eso hoy nos preguntamos:
¿Los animales sufren trastornos mentales?
En las personas los trastornos mentales son muy complejos de estudiar porque se presentan con diferentes signos, síntomas y niveles.
Además de que sus causas pueden ser diversas.
Con el fin de facilitar su estudio, se han intentado reproducir trastornos mentales en animales. Por ejemplo, bloqueando genéticamente la
producción de estrógeno en ratones machos se desarrollan comportamientos compulsivos.
Con diferentes técnicas se han reproducido conductas características de la esquizofrenia, paranoia,
ansiedad y depresión. Aunque estos modelos son limitados y tienen muchas controversias bioéticas
han contribuido en el estudio de los trastornos. Pero, ¿los animales pueden sufrir trastornos
mentales de forma espontánea? Experiencias traumáticas o estresantes como el aislamiento,
cautiverio, la experimentación en laboratorio o hasta la muerte de un
compañero pueden propiciar trastornos.
Desde 1965 se demostró que los perros sufrían de impotencia aprendida y aceptaban de manera pasiva una situación aversiva.
Esta impotencia está muy relacionada con la depresión. Hoy sabemos que diversos animales pueden sufrir depresión.
Negra, una chimpancé que toda su vida fue utilizada para la investigación
sufrió este trastorno. Mostraba desinterés en el juego o actividades de socialización,
sueño excesivo durante el día, poco interés en su aseo personal y agresividad ante el tacto.
Elefantes, orcas y delfines pueden incluso suicidarse. Se ha visto como elefantes que
han sido tratados cruelmente deciden pisar su trompa hasta asfixiarse. O famosos delfines
que simplemente deciden dejar de respirar. Un estudio reciente sugiere que las abejas
podrían ser susceptibles a algo similar a la depresión. En condiciones estresantes
responden de manera pesimista y muestran bajos niveles de dopamina, octopamina y serotonina.
Otro trastorno en animales es el trastorno de estrés post traumático, accidentes o maltrato
propician este trastorno. Cinco por ciento de los perros que se usaron en la guerra de Afganistán
lo tuvieron y la mitad de estos fueron retirados permanentemente del servicio.
Los animales pueden exhibir conductas repetitivas anormales que podrían considerarse un trastorno
obsesivo compulsivo. Los perros y gatos con conductas estereotipadas pueden ser agresivos,
lamerse, perseguir sus colas, morder objetos, girar, vocalizar,
perseguir sombras o luces y hasta atacar animales imaginarios de manera compulsiva. Los dóberman,
bull terriers y los gatos siameses son más susceptibles genéticamente a tener TOC.
El aumento de los niveles de cortisol, la frecuencia cardiaca y respiratoria,
así como temblores e insomnio nos han demostrado que los animales sienten ansiedad. Algunos perros
y gatos tienen ansiedad de separación y sufren cada vez que te vas a trabajar.
Hay evidencia de autoagresión en delfines y primates. Los macacos rhesus,
(muy utilizados como animales de laboratorio) se autolesionan cuando
se sienten frustrados o están bajo condiciones estresantes.
Existen algunos trastornos mentales que no queda muy claro si los animales los padecen.
En un estudio se asoció a la esquizofrenia con regiones de ADN que nos distinguen del resto
de los animales. Otros estudios sugieren que algunos animales sí podrían sufrirla.
En general, hay bastante evidencia que nos demuestra que los animales sí pueden sufrir
trastornos mentales, aunque no puedan expresarlo con palabras. Algunos científicos incluso sugieren
que todos los animales con un cerebro podrían experimentar alguna forma de enfermedad mental,
aunque esta idea no está completamente probada.
Pero, antes de considerar que un animal tiene un trastorno es importante descartar otras razones.
Diferentes enfermedades pueden hacer que un animal se comporte de manera extraña.
Lamerse excesivamente puede ser un signo de parásitos o dermatitis. Comer tela también está asociado con hipertiroidismo,
intoxicación o una deficiencia de tiamina. Y es importante considerar que el aburrimiento,
aislamiento o hacinamiento pueden propiciar que un comportamiento normal se convierta en un trastorno.
Si ya se detectó un trastorno mental es posible la recuperación. Ejercicio, un ambiente
estimulante y muchos mimos pueden bastar. En casos extremos se les recetan medicamentos.
Casi todos los trastornos mentales se observan en animales en que estan grado de cautiverio,
lo que nos hace cuestionarnos si los humanos somos la causa.
En estado silvestre, la primatóloga Jane Goodall observó cómo el pequeño Flint sufrió mucho cuando su madre murió. Se le veía retraído
y ausente. Dejó de comer y pocos días después murió. Jane afirma que sufría de depresión.
El etólogo Marc Bekoff observó coyotes en el Parque Nacional Grand Teton. Describe como
había un cachorro que parecía no tener idea de cómo ser un coyote. Bekoff sugiere que quizá;
“Harry sufría de autismo de coyote”. Hasta ahora la evidencia de animales con
trastornos mentales en la naturaleza está basada únicamente en la observación y se limita a un par
de ejemplos. Puede que los animales con trastornos mentales no sobrevivan en la naturaleza al estar
incapacitados para realizar tareas esenciales. O puede ser que nuestra ignorancia no nos permita
encontrarlos. Reconocer si un animal está actuando de forma anormal requiere de años de estudio.
De lo que sí podemos estar seguros es que los trastornos aparecen más comúnmente cuando
alteramos la vida de un animal.
Tal vez deberíamos replantearnos la forma en que los tratamos y nos relacionamos con ellos.
¡Curiosamente!
Le mandamos un gran saludo a: Alberto Campano, Cristina Quiroz , Daniel Guerrero, Familia Rebollo
Sainz, Francisco Dueñas, Francisco Tejeda, Guillermo Hernández, Luis Malo, Noemi Moreno,
Pancho, Paulo Reynaldo, Pez goldfish, Raúl Sánchez, Roberto Brücher y Tania Moreno