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CuriosaMente - Videos Interessantes, 5 ¿Cómo tomar mejores decisiones? - Estrategias Para Pensar (1)

중급 2 스페인어의 lesson to practice reading

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5 ¿Cómo tomar mejores decisiones? - Estrategias Para Pensar (1)

Estrategias para pensar. Un curso para razonar mejor y tomar decisiones creativas en equipo.

Capítulo Cuatro: ¿Cómo entendernos con los demás?

En una pantalla se ve a TriDinamo conduciendo su motocicleta hacia la puesta de sol. En

primer plano un niño y su mamá lo observan alejarse.

¿Cuándo lo volveremos a ver, mamá?

Cuando volvamos a tener problemas con los tirano-bikers, hijo. Quizá, jamás…

¡Ja ja ja! ¿Sabes qué, Rosa? Es cierto, las partes dramáticas sí están pretenciosas…

Bueno y yo debo admitir que las escenas de acción sí están entretenidas… ¿Viste

cuando pelearon usando una escalera?

¡Está súper emocionante! Aunque no me gusta que en este tipo de películas todas las decisiones

las toma el protagonista sin tomar en cuenta a los demás ni explicar nada…

¡Cierto! Siempre es: “No hay tiempo para explicar súbete”.

¡Ja ja ja! O: “Confía en mí, sé exáctamente lo que hago”. ¡Es que así es más dramático!

Hacen parecer que las decisiones son muy fáciles y que lo único que hace falta es determinación.

Es posible que a veces haya que tomar decisiones rápidas, pero en la vida real normalmente

hay que considerar más información, posibilidades y es necesario involucrar a más personas

y sus puntos de vista.

Como cuando vamos a decidir a dónde va a ir la familia de vacaciones...

¡Uf! O las juntas en la oficina para tomar cualquier decisión ¡son horas de discusión!

Y al final muchos quedan descontentos.

¿Habrá una manera de tomar decisiones de manera más eficiente? Porque en cada decisión

hay que tomar en cuenta emociones, datos, argumentos en favor y en contra… de todos

los involucrados. Y a veces no hay tiempo.

El psicólogo Edward De Bono propone un método llamado “Seis Sombreros para pensar” Vamos

a conocerlo.

En cualquier toma de decisiones están involucradas emociones, como miedos y esperanzas, también

información, argumentación e ideas. Normalmente, cuando intentamos resolver problemas decidiendo

por nuestra cuenta o discutiendo con otros, todos estos modos de pensar, emocionales,

analíticos, creativos, etcétera, están mezclados. “Seis sombreros para pensar”

es un método que propone que conscientemente distingamos y le dediquemos un momento a cada

una de estas modalidades de pensamiento. Se puede usar individualmente, o para tomar decisiones

en equipo. En una situación óptima, este método ayuda

no sólo a tomar mejores decisiones en las que sea más probable que todos queden conformes,

sino que también acelera los procesos: algo que podría llevar muchas horas de discusión

se podría resolver en algunos minutos. La idea básica es usar alternativamente seis

sombreros imaginarios que representan seis modos de pensar: el sombrero blanco que representa

la información pura; el sombrero rojo del pensamiento emocional; el negro que encuentra

objeciones y críticas; el amarillo que ve las ventajas y las posibilidades; el verde

que representa el pensamiento creativo y el azul que es el que organiza a los demás.

Es importante no identificar a las personas con los sombreros: son modos de pensar que

todos los involucrados pueden ejercitar. Aunque habrá algunas personas que sean más hábiles

con ciertos sombreros, recuerda: los sombreros no son tipos de personas. Todos los involucrados

deberían participar con todos los sombreros. El poder del método reside en que se aprovecha

la experiencia, inteligencia y conocimiento de todos, porque supone que todos, aunque

tengamos ideas diferentes, tenemos el mismo propósito: la unión hace la fuerza.

El método consiste en acordar cuál es el problema o decisión que se debe abordar,

proponer una secuencia en el uso de sombreros y luego, pedir a cada quien que participe

haciendo que se ponga el sombrero imaginario en turno, absteniéndose de decir cualquier

cosa que no corresponda con dicho sombrero. La idea es que cada quien participe por un

minuto, pero que si se siguen haciendo aportaciones válidas, no se interrumpa el flujo de ideas.

Los sombreros pueden usarse en cualquier secuencia que se crea conveniente, pero es buena idea

definir la secuencia con anterioridad y siempre empezar y terminar con el sombrero azul. A

veces conviene terminar con el sombrero rojo para expresar cómo nos sentimos después

de la sesión. Veamos con más detalle cada uno de los sombreros:

Sombrero blanco. Piensa en papel y en neutralidad. Traer puesto el sombrero blanco nos permite

dar información y datos duros. ¡Sin dar opiniones! Sólamente los hechos. Es MUY importante

en este momento suspender el juicio: no se trata de saltar a conclusiones y dar datos

que apoyen nuestra conclusión. Por ejemplo, si alguien dice: “Como la gente prefiere

comida más saludable, las ventas de productos de soya han aumentado un 25%”, el dato es

que “las ventas han aumentado un 25%” y los motivos son sólo una opinión (a menos

que haya datos que demuestren esa aseveración). Las únicas opiniones que se permiten en este

momento son las que se presentan como información, por ejemplo “El presidente de la Sociedad

de Alumnos no está de acuerdo con la reducción de vacaciones”. Con el sombrero blanco nos

ponemos en el papel de un explorador o un científico que recaba notas para usarlas

después. Se vale dar información que no sea muy precisa

siempre y cuando expresemos el grado de precisión. “Prácticamente todos los niños entran

a estudiar en agosto” es un dato perfectamente válido.

Si dos personas presentan datos contradictorios y son relevantes, por ahora no se entra en

discusiones sobre su validez: se mantienen los dos datos como posibles. Ya se discutirán

después con el sombrero negro. Sombrero rojo. Supuestamente deberíamos evitar

que las emociones nublen nuestro pensamiento ¡es imposible! Las emociones vienen de cualquier

manera y, ultimadamente, tomamos decisiones para sentirnos mejor. Las emociones le dan

relevancia a nuestro pensamiento. Este sombrero nos da permiso de expresar nuestros sentimientos,

emociones e intuiciones. “No sé por qué, pero ir a esa playa siempre me ha disgustado”.

“Me emociona mucho empezar este proyecto”. “Siento que el vendedor nos está mintiendo”.

Las emociones no necesitan justificarse. Lo que sí puede hacerse es afinarlas y definirlas

mejor. “Dices que la idea de hacer más dulces las paletas te hace sentir mal ¿puedes

detallar mejor tu sentimiento?” “Sí, el darle más azúcar a los niños no me parece

saludable y me hace sentir culpable”. El sombrero rojo nos permite ser más poéticos

si eso nos ayuda explicarnos mejor: “Embarcarme en el proyecto me produce una ligera desazón,

no tanto una falta de entusiasmo, sino una nostalgia por las otras oportunidades perdidas.”

Sombrero negro. El sombrero pesimista. Es el sombrero de la precaución. Este sombrero

nos impide que intentemos cosas imposibles, peligrosas, ilegales, poco éticas o dañinas

para el mundo. Usar este sombrero nos permite usar todas

las herramientas de la lógica y la argumentación para corregir errores en el pensamiento. “Dices

que la causa de la violencia es la poca salud mental, pero otros países tienen los mismos

niveles de salud mental y la violencia es menor” En este momento tenemos permitido

decir todas las razones por las que algo podría salir mal. “Seguramente aceptar ese proyecto

nos traerá más recursos, pero ya no tenemos personal. Si lo aceptamos renunciaremos a

nuestras horas de descanso”. Todas estas objeciones deben tomarse en cuenta.

Como estamos acostumbrados a la confrontación y argumentación, es muy fácil caer en la

tentación de usar el sombrero negro en cualquier momento: debemos ponerle un límite y usarlo

sólo cuando hayamos acordado. El sombrero negro se limita a encontrar errores

y le deja al amarillo hacer las propuestas para corregirlos.

Sombrero amarillo. El sombrero optimista, el de las posibilidades y las propuestas.

Este sombrero busca destacar cualquier beneficio que pueda traer una sugerencia. El sombrero

amarillo nos permite no sólo destacar los beneficios de una propuesta sino que pide

que hagamos nuevas propuestas. Todas las que se nos ocurra, sin importar lo descabelladas

que parezcan, deben ponerse sobre la mesa. Habrá algunas sugerencias que sean imposibles:

aún así debemos describir la ruta para poder formar un mapa y tomar la mejor decisión.

La palabra clave de el sombrero amarillo es construcción. Ya le tocará al sombrero negro

detectar y corregir las fallas. El énfasis no está en la tarea impuesta de “resolver

un problema” sino el la libertad de “encontrar oportunidades”. Al sombrero amarillo le

conciernen las oportunidades y la especulación: encontrar todo lo que podría salir bien:

toda planeación tiene como motivación el mejor escenario posible. La única manera

de iniciar algo es pensando en los logros que obtendremos.

El sombrero amarillo encuentra las oportunidades y le deja al verde buscar las maneras novedosas

de acercarnos a ellas y aprovecharlas. Sombrero verde. Piensa en las plantas, la

originalidad y la vida. El sombrero verde es el de la creatividad. Su misión es proponer

nuevas ideas, cosas que no habíamos pensado antes. No es posible forzarnos a tener nuevas

ideas, pero sí es posible dedicarle un tiempo específico a buscarlas. En esta etapa no

es necesario ser cauteloso para evitar errores. Al contrario: se nos invita a arriesgarnos

aunque al principio parezca que las ideas no tienen sentido. El análisis por sí sólo

no nos propone soluciones. Incluso en la ciencia la serendipia juega un papel importante: a

Kekulé se le ocurrió la estructura del benceno en un sueño y Fleming descubrió la penicilina

gracias a un accidente ¿Es posible provocar estos acontecimientos fortuitos? De Bono propone

estos ejercicios como “provocaciones” para estimular el pensamiento lateral:

Palabra al azar. Al asunto que estás tratando, adjúntale una palabra que hayas elegido al

azar de un diccionario. Por ejemplo, quieres ideas sobre cómo mejorar el aparato de televisión

y el diccionario aparece la palabra “queso”. Hay queso que tiene agujeros. ¿Serviría

de algo ponerle agujeros a la pantalla? Quizá no simples agujeros, sino “ventanas” que

te permitieran ver qué hay en otros canales al mismo tiempo...

Inversión. Toma una proposición de sentido común e inviértela. Por ejemplo “Los clientes

le pagan a las tiendas” se invierte “Las tiendas le pagan a los clientes”. En un

principio suena absurdo, pero ¿qué tal si las tiendas les pagaran una pequeña cantidad

a los clientes cada que compraran? Eso los haría compradores más fieles… y ahora

tienes la idea de los “monederos electrónicos”. Pensamiento desiderativo. Sugiere una fantasía

que no podría ocurrir. Completa la frase “¿No sería magnífico si…” Por ejemplo:

“Las fábricas contaminan el río porque no usan el agua que ellas mismas contaminan

¿No sería magnífico que las fábricas estuvieran río abajo de sí mismas?” Esta frase parece

no tener sentido, pero sí se puede obligar a las fábricas a descargar el agua río arriba

y abastecerse río abajo para que tomen “una sopa de su propio chocolate”. Esta legislación

ya funciona en varios países. Cambio de enfoque. A veces es necesario responder

a una pregunta diferente a la que se ha hecho. Pensar “fuera de la caja” para responder

lo que realmente importa. Por ejemplo “Me preguntaste cómo hacer más barato el viaje

de los camiones de mercancía. Te respondo: es más barato enviar la mercancía por tren”.

Las provocaciones pueden ser muchas. Lo importante aquí es el movimiento: ¿a dónde nos llevan?

En el pensamiento creativo no hay una solución única, como en matemáticas. Por eso es necesario

que no nos quedemos con la primera solución posible, que casi nunca es la mejor, sino

seguir explorando. La calidad de las decisiones que tomemos depende de la calidad de las alternativas

que propongamos. Cuando las propuestas son muy locas o irrealizables, es posible ponerles

“restricciones” que ayuden a hacerlas más factibles.

Sombrero azul. Este sombrero es el que organiza todo. Con este sombrero, al principio hablamos

del propósito de la reunión, y nos ponemos de acuerdo en los pasos a seguir en esta.

Es el que llama al orden para pedir que se piense con determinado sombrero: por ejemplo

“Eso es muy interesante, pero todavía no llegamos al sombrero negro”. O: “¿Crees

que podrías usar el sombrero amarillo para evaluar la propuesta de tu compañero?”

“Necesitamos pensar más con el sombrero blanco antes de avanzar”. También es el

que hace el resumen de la reunión y de sus logros y da conclusiones. “Esta es la decisión

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