4 ¿Cómo entendernos con los demás? - Estrategias Para Pensar
Estrategias para pensar. Un curso para razonar mejor y tomar decisiones creativas en equipo.
Capítulo Cuatro: ¿Cómo entendernos con los demás?
¡Miren, es una figura original de la película La Noche del Triceratops! ¡Woow! ¿De qué
se trata la película? Nunca la he visto.
¡Ash! Me acuerdo que la ví. Es una película espantosa, aburrida y mal hecha.
¿Qué? ¡Es un clásico! ¡Acción, aventura, comedia, drama!
¡Por favor! Las únicas partes que hacen reír son las de drama. No tiene profundidad.
¿Que no tiene profundidad? ¿Y la escena donde TriDinamo hace una disertación existencial
cuando pierde la Gema Ilimitada?
¡UF! ¡Pretenciosa!
¿Y de QUÉ se trata la película?
¡De la búsqueda de la justicia!
De unos dinosaurios en moto.
¡Ja ja ja! Creo que es un buen momento de recordar la antigua parábola de los ciegos
y el elefante. Se trata de una historia budista del año mil antes de nuestra era. Aquí está
nuestra versión.
Cuenta la leyenda que en un remoto pueblo vivían tres personas que no podían ver.
Un vecino les contó que al pueblo alguien había llevado un elefante.
-¿Un elefante? ¿Qué es eso? -Dijo el primero -Yo no sé -Dijo la vecina. -Nunca he visto
uno. -Pues tenemos que ir a conocerlo -Dijo la
segunda -¡Pues vamos! dijo el tercero.
-Vayan y me cuentan de regreso -respondió la vecina
Cuando llegaron al pueblo se dirigieron hacia donde les habían dicho que estaba el elefante.
El primero se acercó por enfrente y tocó la trompa. La segunda se acercó por un costado
y palpó una de las patas. El tercero se acercó por otro costado y tocó el tórax del animal.
En silencio y pensativos regresaron a su casa. Llegó la vecina y les preguntó:
-¿Conocieron al elefante? ¿Cómo es? El primero respondió:
-Es muy fácil. El elefante es como una serpiente, pero muy arrugada.
La segunda contestó. -¡Te equivocas! Sí es arrugado, pero es
más bien como un pilar o una columna. El tercero intervino.
-¡Nada de eso! El elefante tiene arrugas, sí, pero es como una pared muy alta.
-¡Yo lo toqué con mis manos! ¡Es como una serpiente!
-Pues obviamente no lo tocaste bien ¡es como un pilar!
-¡Par de tontos! ¿Cómo pueden confundir una pared con pilares o serpientes?
-¡Serpiente! -¡Pilar!
-¡Pared! Los invidentes levantaron sus bastones, listos
para caerse a golpes cuando…
¿Qué? ¿Qué pasó?
¡Ahhh! Lo veremos más tarde. Pero por ahora díganme ¿Quién de los tres tenía razón?
¡Ninguno!
¡Los tres!
¡Ja ja ja ja! ¡Igual que los del cuento!
Vamos a pensarlo así. ¿Alguno de los tres mentía en cuanto a la evidencia que encontraron?
Pues no… pero la evidencia estaba incompleta.
¿Las conclusiones a las que llegaron, se podría decir que eran ilógicas?
No propiamente. Sólo que no tenían el panorama total.
Entonces, en casos como este la pregunta sería ¿Sirve de algo discutir quién está en lo
correcto y quién equivocado?
En el mundo occidental, heredero de la tradición griega y romana, hemos desarrollado poderosas
herramientas mentales que nos sirven para argumentar. Desde la dialéctica de Sócrates
hasta la dialéctica de Hegel, ha sido útil pensar en oposiciones, ideas contrarias que
se enfrentan hasta determinar cuál tiene valor y cuál no. Este modo de pensar abarca
desde la ciencia hasta los sistemas legales, donde es importante decidir si una persona
es inocente o culpable para aplicarle o no un castigo .
Edward De Bono dice que este sistema de confrontación ha sido tan útil que lo aplicamos en más
situaciones de las que es necesario. Ponemos demasiado énfasis en el conflicto y en determinar
quién está bien y quién está mal. Por ejemplo, en el caso de un juicio legal, cada
abogado utilizará todas las herramientas argumentativas a su favor para favorecer a
su representado y atacar a su oponente, evitando mencionar toda evidencia o razonamiento que
pudiera minar su argumento. El abogado queda envuelto en “el juego” del juicio: ganar
o perder, y pierde de vista el propósito de lograr un bien mayor, un resultado que
beneficie a la comunidad. Resulta revelador cómo en la vida cotidiana
es muy raro que hagamos uso de la lógica explícita ¡excepto cuando queremos probar
que otro está equivocado! Primero el poeta griego Arquíloco, luego
Isaiah Berlin y ahora Daniel Kahneman han usado la analogía del erizo y el zorro para
exponer dos diferentes actitudes ante la vida. El erizo representa a alguien con certezas
que tiende a interpretar la realidad desde una única perspectiva. Mientras tanto el
zorro está abierto a nuevas interpretaciones y experiencias. El erizo tiende a pensar que
quienes no piensan como él están simplemente equivocados. El zorro se pregunta ¿por qué
los otros piensan así? ¿Qué información tienen que yo no? Habrás notado que muchas
discusiones en Internet suelen sostenerlas “erizos” protegiendo sus ideas y lanzando
sus púas a los demás. El erizo puede ser un experto con mucha experiencia, y por lo
tanto muy seguro de sus afirmaciones... pero es muy difícil que admita sus errores. El
zorro puede ser más inexperto, y por lo tanto más inseguro, por lo que obtiene más información
y es más probable que llegue a conclusiones correctas.
Como te imaginarás, los medios de comunicación suelen prestarle más atención a los erizos
que a los zorros: sus discusiones son más espectaculares y sensacionalistas. El conflicto
es más atractivo para las masas que el intercambio de ideas. “Dos erizos tomando bandos opuestos
respecto a un asunto y atacando las ideas idiotas del otro hacen un gran programa de
televisión”. Mientras tanto, los zorros tienen un pensamiento
más complejo. Por ejemplo, no creen que un evento histórico tenga una causa única.
Un erizo diría “La culpa de que tal país esté mal es de tal político o tal evento
histórico”. Un zorro diría “pero también hay que tomar en cuenta la situación económica,
geográfica e histórica de ese país”. Los erizos pueden ser grandes líderes cuando
logran condensar en unas cuantas ideas los sentimientos de grandes grupos sociales. Pero
la simpleza de su pensamiento y la idea de poseer la verdad puede ser muy peligrosa.
La ilusión de la certidumbre es causante de que existan tanto mártires y héroes como
asesinos en masa y dictadores. Como herederos de la filosofía de Platón,
estamos entrenados para pensar que detrás de los fenómenos cotidianos se oculta una
verdad universal que debemos descubrir. Pero todo nos indica que a lo que más podemos
aspirar es a encontrar verdades parciales y provisionales. Así ocurre con la ciencia,
que se va corrigiendo a sí misma a lo largo de la historia. Quizá las únicas verdades
universales sean las verdades matemáticas e incluso en ellas existe el Teorema de Incompletitud
de Gödel que demostró que toda teoría matemática consistente tendrá afirmaciones que no son
demostrables. O sea que la incertidumbre está presente en todo. Por eso el filósofo y sociólogo
Edgar Morin nos insta a “aprender para la incertidumbre” que es algo en lo que ahondaremos
en otro capítulo.
Imaginen que son la vecina que nunca ha visto al elefante, y, después de haber oído las
descripciones de los ciegos llega alguien más y les pregunta: ¿Cómo es un elefante?
¿Qué contestarían?
¡Pues que quién sabe!
Sí, los testimonios no son muy confiables que digamos.
¡Excelente respuesta! A esa actitud los griegos le llamaban “epojé”: suspensión del
juicio. Es decir: “Me doy cuenta de que he recibido
datos, pero no saltaré a conclusiones ni daré respuestas inmediatas. Esperaré hasta
tener más información”.
Pues el “epojé” no es muy común en las discusiones en internet, por lo que veo…
Siempre es preferible tomar decisiones con la mejor información a nuestro alcance…
Estamos acostumbrados a la lógica del “ser”, compartimentalizada, a la que De Bono llama
“lógica de roca”. En ella a todo “es o no es”.
Don Malaquías pone un tablero en el mostrador. El tablero está dividido en múltiples compartimentos.
Deja caer una piedrita en uno de ellos. Mientras habla va moviendo la piedra de un lado a otro.
Esta piedra sólo puede estar en un compartimento o en otro. ¿Lo que dices es cierto… o es
falso? ¿Lo que estudias pertenece a una disciplina… o a otra? ¿Tomar cierta decisión está bien...
o está mal? ¿Qué piensan ustedes? ¿Podemos pensar de
otra manera?
Pues sería deseable poder considerar varias alternativas al mismo tiempo…
Y tener un modo de pensar más flexible…
A ese modo De Bono le llama “lógica de agua”No está basada en el “ser” sino
en el “devenir”. Podemos explorar varias ideas de manera paralela y ver a dónde nos
llevan. Los puntos por los que fluimos no son definitivos, sino que nos dirigen a otro
lugar…
¡¿Y el elefante?! ¿Qué pasó con la vecina, el elefante, los bastonazos?
¡Ah, ja ja! En la historia original ahí acaba el cuento, pero a mí me gusta imaginar
que termina así...
Cuando estaban a punto a darse de bastonazos, la vecina intervino: “¡Momento, momento!
Por qué no me llevan a conocer al elefante”. “¡Perfecto!”, contestó uno “Así te
darás cuenta que es una enorme serpiente”. “¡Columna!” dijo la segunda “¡Muro!”
Dijo el tercero. Cuando llegaron ahí, la vecina pudo por fin
saber cómo era el elefante. Pero ¿Cómo hacer para que sus tres amigos también lo
supieran? Lo que hizo fue pedirle a cada uno que se colocara en la parte que ya habían
tocado… luego les pidió que se movieran y tocaran otra parte, viendo la perspectiva
de su compañero, luego otra parte y otra… Al final los tres tuvieron una perspectiva
mucho más completa de lo que era un elefante: “Es un animal grande como una pared…”
“Con cuatro patas como pilares” “Con una trompa como serpiente”
“Con cola delgada.” “Con colmillos”
“¡Y muy arrugado!” Concluyeron los tres. En eso llegó el dueño del elefante.
“¿Quieren subir a dar un paseo?” Los tres subieron al elefante y pudieron conocer
una perspectiva más…
Pensar inteligentemente no se trata sólo de encontrar y evitar los errores, sino de
usar nuestra mente para explorar. ¡Y eso es lo que vamos a ver en el siguiente capítulo!
Pero antes ¿Qué tal si vemos “La noche del triceratops”?
Muestra el VHS
¡Sí!
¡Bueno, está bien!
¡Voy a hacer palomitas!