Un caso de identidad - 04
- Voy á ocuparme en el asunto - dijo Holmes, parándose; y no dudo que llegaremos á algún resultado definitivo. Déjeme usted ahora á mí todo el peso de la cuestión, y no se atormente usted con más cavilaciones. Sobre todo, trate usted de desterrar completamente de su memoria al señor Hosmer Angel, como se ha desterrado él de la amistad de usted.
- Entonces ¿usted cree que no le volveré á ver?
- Así lo creo.
- ¿Qué puede haberle sucedido, pues?
- Deje usted ese asunto á mi cuidado. Desearía tener una filiación exacta de su persona, y algunas cartas de las que escribió á usted y que usted pudiera confiarme.
- El sábado puse en el Chronicle un aviso en que pedía noticias de él: aquí tiene usted el recorte, y estas son cuatro de sus cartas.
- Gracias. ¿Dónde vive usted?
- 31, calle del León, Camberwell.
- Me ha dicho usted que nunca ha sabido el domicilio del señor Angel. ¿Cuáles son las señas del domicilio del padre de usted?
- Es agente viajero de Westhouse y Marbanck, la gran casa importadora de vinos que hay en la calle Finchurch.
- Gracias. Me ha dado usted sus informaciones con completa claridad. Déjeme usted esos papeles, y acuérdese del consejo que le he dado. Haga usted que el incidente quede por entero enterrado, y no permita usted que afecte en lo menor su vida.
- Es usted muy bueno, señor Holmes, pero yo no puedo hacer eso. Seré fiel á Hosmer, y cuando vuelva me encontrará lista para casarme con él.
No obstante su estrafalario sombrero y su cara inexpresiva, nuestra visitante tenía en su sencilla manera de ser fiel algo que se imponía á nuestro respeto. Dejó en la mesa su paquetito de papeles, y se marchó, prometiendo volver apenas se le llamara.
Sherlock Holmes se quedó sentado durante algunos minutos, con las puntas de los dedos todavía apretadas unas con otras, las piernas estiradas hacia delante, y los ojos clavados en el cielo raso. Después desprendió del estante de las pipas una de yeso, vieja y aceitosa, que era para él un consejero, y cuando la hubo encendidose recostó en el sillón, con las espesas nubes de humo subiendo de su cabeza al techo y una expresión de infinita languidez en la cara.
- Muy interesante estudio, esa joven - observó. - Para mí es más interesante ella que su pequeño problema, el cual, dicho sea de paso, es bastante vulgar. Si consulta usted mi indice, encontrará casos semejantes: uno en Andorra en 1877, y el año pasado algo por el estilo en La Haya. Sin embargo, con ser como es vieja la idea, hay esta vez uno o dos detalles nuevos para mí. Pero la joven, personalmente, es un caso muy instructivo.
- Me ha parecido que usted leía en ella algo completamente invisible para mí - le dije.
- No invisible, pero si inadvertido, Watson. Usted no sabía adónde debía dirigir la mirada, y eso le hizo descuidar todo lo que era importante. Nunca pudo obtener de usted que se convenza de la importancia de las mangas, de la sugestividad de las uñas, de, los grandes resultados que se pueden obtener mirando un cordón de zapato. Ahora ¿qué ha deducido usted del aspecto de esa mujer? Descríbamela usted.
- Pues tenía un sombrero de paja color de pizarra y anchas alas, con una pluma rojo-ladrillo. Su chaqueta era negra con cuentas negras y una franja de abalorios negros. Su vestido era obscuro, algo más que color café, con cuello y bocamangas de terciopelo púrpura. Sus guantes eran grises, y uno de ellos estaba agujereado con el dedo índice de la mano derecha. No observé su calzado. Tenía en las orejas aros pequeños y redondos. Su aspecto general era el de una persona que tiene todo lo necesario, que vive con comodidades, pero corrientemente como la mayoría de la gente de su clase.
Sherlock Holmes dió una suave palmada y se sonrió.
- ¡Mi palabra, Watson: está usted entrando maravillosamente! Lo hace usted muy bien, seguro: es cierto que ha dejado usted de ver todo lo importante, pero ha dado usted en el método y tiene usted una vista pronta para los colores. Nunca confié usted en las impresiones generales, amigo mío, sino concéntrese usted en los detalles. Mi primera mirada, cuando tengo en mi presencia á una mujer, se dirige siempre á sus mangas: en un hombre, quizás es mejor observarlas rodillas del pantalón. Como ha visto usted, esta mujer tiene terciopelo en las mangas, tela que es la más buena para conservar las señales de las cosas. La doble linea trazada más arriba de la muñeca por el sitio de la mesa en la que la escribiente en máquina apoya el brazo estaba perfectamente marcada. La máquina de coser de mano, deja una señal parecida á esa, pero sólo en el brazo izquierdo y en el lado contrario al dedo pulgar, en vez de ser recta á través de la parte más ancha, como en este caso. Después la miré á la cara, y observé la señal de los lentes en ambos lados de la nariz, lo que me hizo aventurar una alusión á su cortedad de vista y á la máquina de escribir, alusión que pareció asombrarla.
- Y á mi también.
- Pero eso era obvio. Lo que sí me sorprendió mucho y me interesó, fue cuando bajé la vista y noté que sus zapatos, aunque no desemejantes, pertenecían, sin embargo, cada uno á un par distinto, pues la capellada del uno tenia un ligero adorno y la otra no. El uno estaba abotonado sólo con dos botones de los cinco, y el otro con el primero, tercero y quinto. Ahora bien, cuando usted vea que una joven, por lo demás correctamente vestida, ha salido de su casa con zapatos diferentes y abotonados á medias, no se necesita ser adivino para decir que ha salido á prisa.
- ¿Qué más? - pregunté, profundamente interesado, como lo estaba siempre, por el incisivo razonamiento de mi amigo.
- Noté, de paso, que antes de salir de su casa había escrito, cuando ya estaba completamente vestida. Usted observó que su guante derecho estaba agujereado en el indice, pero no vió usted que tanto el dedo como el guante estaban manchados de tinta violeta. Había escrito á prisa, y mojado demasiado la pluma, y eso debía haber sido esta mañana, pues de otra manera la mancha no habría quedado tan clara en el dedo. Todo esto es entretenido, aunque bastante elemental; pero ahora tengo que volver al trabajo, Watson. ¿Querría usted leerme el aviso con la filiación del señor Hosmer Angel?