SAN ANTONIO
San Antonio, por favor, escucha mis plegarias.
Consígueme un hombre, llevo mucho tiempo sola.
¡Alexis, ya llegué! Órale, rápido, quítate la pijamita.
-¿Qué? -Sí, vamos a coger, ¿no?
¿Tú y yo? No, para nada.
Lo que pasa es que me cuesta mucho trabajo conseguirte un hombre
porque eres muy tiquis, entonces pensé:
"Mejor bajo, le rasco la comezón",
y así gano tres meses para conseguirte un mejor hombre.
Pero es que ni siquiera estoy depilada.
No te preocupes. San Antonio no se fija en eso.
Órale. Vamos.
Es que yo quería algo especial, algo romántico.
¡No mames, Alexis! ¿Algo más especial que esto?
O sea, no mames. Baja un santo del cielo,
está frente a ti, con semejante erección monumental.
O sea, ¿qué más quieres, que, cuando termine, salga Nutella?
Mira, chava, te propongo algo:
hacemos lo nuestro y luego, al final,
te regalo media hora, platicamos, cuchareamos,
vemos una peli, lo que tú digas.
Bueno, está bien.
¡Dios mío!
¿Ves? Tú le llamas, y él viene.
-¿Qué pasó, compadre? -¿Cómo estás?
Alexis, no sabía que te gustaban los tríos.
No te preocupes, Dios, a todo el mundo le pasa.
A mí nunca me había pasado.
Sí, pero manejas mucho estrés, además, estás solo en este puesto.
Es eso, ¿verdad? Estoy muy estresado.
Pues tómate un minuto. ¿Quieres que te traiga un refresco?
Es que son muchas cosas.
Ucrania, Gaza, la salud del planeta, las mujeres en México...
Es mucho para una sola persona.
Yo ni siquiera soy persona. ¿Qué soy? ¿Qué soy?