ENTRENANDO MMA
Tu guardia está abierta, tienes que cerrar la guardia.
Sino, yo puedo entrar aquí en cualquier momento y te hago un...
katagatame, y ya se acabó todo.
-¿Entendiste? -Sí.
-Sí, te entendí. -Eso.
¿Sabes qué?
-Por la diferencia de tamaño está... -¿Cuál dife...?
En el ring, todos somos iguales. Todo es mental.
Pero, si somos de categorías diferentes, no.
Bueno, pero te estoy entrenando, cabrón.
No estamos peleando, te estoy entrenando.
-Vale. -Eso.
-Nos vemos la próxima semana. -No. Vamos otra vez.
¡Eso, cabrón! Cierra tu guardia. Te descuidas, te vi dudar.
Te vi dudar, ¿eh? No puedes voltear para el otro lado.
Dejas el cuello expuesto.
Okay. ¿No puedo dejarlo expuesto?
-No puedes. -¿Porque me harías una llave?
-Peor. -¿Qué puede ser peor que una llave?
No sé, una mordidita, tal vez.
¿De qué te ríes?
Es que no soy bueno para las mordidas.
No se vale en el MMA, pero, en el juego de la vida, todo se vale.
Lo que no se vale es dejar ese cuello así...
expuesto, tan solito...
ese cuello lleno de venas, ese cuellito de bebé.
¿De bebé?
Es como cuando estás en el antro, tienes una botella de vodka,
todo el mundo se pone loco, de pronto,
alguien te avienta contra el piso y queda aquí...
junto a tu cuello, con la lengua...
y se va acercando a tu nuca.
-¿Cómo te pones? -Un poco...
¡Con la piel chinita, cabrón!
Se te enchinan hasta los pelos del culo.
-Te descuidaste otra vez, dudaste. -¿Otra vez?
Sí. Ya quedaste aquí, con los huevotes expuestos.
¿Qué pasaría si yo chupara esos huevos?
Eso estaría mal, ¿no?
Depende. ¿Malo para quién?
Porque yo no quiero, pero, si quisiera...
-¿Y si tú quisieras? -Sí, pero yo no quiero.
¿Cómo sabes que no quieres,
si nunca te metieron un chupadón en los huevos?
Ya me tengo que ir.
Está bien. Pero dudaste. Te vi dudar.
-¿Otra vez? -Sí.
Vi cómo esa boquita, carnocita, toda mojadita, dudó.
Está bien.
-Nos vemos. -Nos vemos.
La guardia, cabrón.