Lucía trabaja en la oficina de objetos perdidos de la estación de Atocha. Allí llegan cada día cosas que la gente olvida en los trenes.
Un martes por la mañana, Ramón puso una maleta enorme encima del mostrador. Pesaba muchísimo. Lucía la abrió y vio que estaba llena de libros. Todos los libros estaban en japonés. Entre los libros había un cuaderno con muchas notas en español.
A las doce entró un chico joven. Estaba muy cansado y hablaba despacio.
—Perdón. Mi maleta. Tren de Barcelona. Ayer.
Lucía le preguntó qué había dentro de su maleta. El chico pensó un momento. No sabía cómo decirlo en español. Entonces hizo un gesto con las manos, como si abriera un libro.
—Libros. Muchos libros. Y un cuaderno azul.
Lucía sacó el cuaderno azul. El chico sonrió por primera vez. Se llamaba Kenji y era traductor. Estaba traduciendo una novela japonesa al español, y en ese cuaderno tenía el trabajo de todo un año.
Antes de irse, Kenji sacó un marcapáginas de su bolsillo y se lo dio a Lucía. Tenía una flor dibujada.
—Gracias —dijo—. Para sus libros.