Unos días después, Marina volvió al armario de libros, más por costumbre que por otra razón. Cogió el libro que Álvaro había dejado y, al abrirlo, encontró la nota. Decía: "A mí también me gustan los finales tristes. Dicen más verdad que los felices".
Marina sonrió sin saber muy bien por qué. Decidió seguir el juego y esa misma tarde dejó otro libro con una nueva nota dentro, esta vez un poco más larga, contando qué tipo de historias solía leer.