Pocos días después, la coordinadora del certamen literario citó a Elena en su despacho, junto con sus padres, para hablar sobre las coincidencias detectadas en su texto. Con el corazón acelerado, Elena entró en aquel despacho sabiendo que, por primera vez en mucho tiempo, tendría que enfrentarse a las consecuencias de haber construido casi toda su reputación literaria sobre palabras que, en realidad, nunca habían sido completamente suyas.