Cuando Elena se enteró, a través de un comentario indiscreto de otra compañera, de que su texto estaba siendo revisado por posibles coincidencias sospechosas, sintió que el suelo se le abría bajo los pies. Por un lado, temía que descubrieran el origen real de sus frases bonitas. Por otro, seguía sintiéndose culpable por lo ocurrido con Marta, cuya amistad parecía estar rompiéndose sin que ella supiera cómo arreglarlo. Ambas preocupaciones empezaron a mezclarse en su cabeza sin dejarla pensar con claridad.