Unos días más tarde, Marta leyó por casualidad el periódico del colegio y se encontró casi palabra por palabra con las mismas frases que le había confiado a Elena en secreto sobre su miedo a decepcionar a su familia. Tuvo que leerlo un par de veces y se quedó paralizada durante unos segundos, releyendo el texto una y otra vez, incapaz de entender cómo sus palabras más privadas habían terminado publicadas sin su permiso en un texto que además llevaba la firma de su mejor amiga.