Unos días después, Hugo vio cómo un niño más pequeño sufría las burlas de otro compañero en el patio. Sin ningún amuleto puesto, sintió el mismo miedo de siempre, pero esta vez decidió acercarse de todos modos y pedirle con voz temblorosa al otro niño que dejara en paz a su compañero. El corazón le latía muy rápido, pero por primera vez sabía que aquella valentía era completamente suya