Pero al girarse, Marta no encontró a Iván en ningún lado. Solo estaba ella, sola dentro de aquella cabaña extraña, con la tormenta golpeando fuera. Llamó a Iván varias veces, cada vez más fuerte, pero nadie respondió. Solo se oía el viento entre los árboles y el ruido de la lluvia sobre el tejado roto.
Marta salió corriendo de la cabaña, buscando a su amigo por todas partes sin encontrar ninguna señal de él. Aquella noche, Marta volvió sola al pueblo. Iván, como Elena antes, ya nunca más apareció.