Esa misma tarde, Mateo fue a la vieja biblioteca del pueblo. Aunque no tenía ninguna intención de leer nada, la biblioteca estaba casi vacía y olía a papel viejo. Caminó entre las estanterías sin buscar nada en concreto, hasta que encontró un libro extraño en un rincón oscuro. La tapa tenía dibujos de colores y letras doradas, pero no tenía título visible.
Sin pedir permiso, se lo llevó a casa escondido debajo de la chaqueta.