El error se hizo todavía más grande cuando, en la siguiente pregunta, Mateo confundió el nombre de un río con el de una montaña. Los jueces del concurso lo miraron con extrañeza porque hacía solo unos días había contestado preguntas mucho más difíciles sin ningún fallo. Mateo sintió que la cabeza le daba vueltas, como si toda la información que había comido empezara a mezclarse sin orden.