En el colegio, la profesora Ana explicaba la lección de historia con mucho entusiasmo. Pero Mateo miraba por la ventana en vez de escuchar. Cuando la profesora le preguntó sobre la llegada a América, Mateo no supo contestar. Se puso rojo de vergüenza delante de toda la clase.
La profesora le dijo que si leyera el libro de historia, lo sabría. Pero a Mateo, esa idea le parecía imposible. El libro tenía demasiadas páginas para su gusto.