Con la ayuda de Diego, Sofía denunció al hombre peligroso ante la policía. Este fue detenido pocos días después. Rosa pudo, por fin, salir de su escondite y volver a vivir en la casa junto al mar. Esta vez, lo hizo sin miedo.
Sofía decidió quedarse una temporada en el pueblo para conocer mejor a su tía. Quería entender toda la historia familiar que había estado escondida durante años. La casa, que al principio le había parecido fría y llena de secretos, se convirtió poco a poco en un lugar lleno de vida. Se llenó de recuerdos nuevos y de una relación que ninguna de las dos esperaba recuperar.