Para su sorpresa, una figura alta y pálida, envuelta en un manto de escarcha brillante, apareció entre las sombras del jardín. Se presentó simplemente como el invierno. La entidad le explicó, con una voz fría, pero no del todo hostil, que podía concederle exactamente lo que había pedido: un jardín eterno, ajeno para siempre al paso destructivo de las estaciones. A cambio, sin embargo, le pidió únicamente que guardara para él, en algún lugar seguro del jardín, un pequeño objeto cristalino que le entregó en ese mismo instante.
No le explicó con detalle qué función cumplía realmente aquel misterioso fragmento de hielo eterno.