Como consecuencia directa de aquella negativa inicial, el río comenzó a secarse de una forma alarmante. Esto ocurrió mucho más severamente que en cualquier sequía anterior registrada en la memoria del pueblo. Esto puso en serio peligro las cosechas y el suministro de agua de toda la comunidad en cuestión de pocas semanas. Preocupada por las consecuencias devastadoras de su decisión, pero todavía convencida de que debía existir alguna alternativa más justa que simplemente obedecer sin cuestionar, Elisa decidió finalmente consultar a los ancianos del pueblo.
Esperaba encontrar alguna respuesta que su madre nunca había llegado a compartir con suficiente detalle antes de morir.