Para su sorpresa, el espíritu del río se manifestó ante ella exactamente como describían las antiguas historias. Era una figura translúcida formada por agua en constante movimiento, con una voz que sonaba como el propio murmullo de la corriente. Nadia, sin dudarlo, expuso su petición con claridad. Deseaba que su pueblo nunca más volviera a sufrir sequías, garantizando así el agua suficiente para todas las generaciones futuras que habitaran aquella tierra junto al río.
Esto sería sin importar cuán severas se volvieran las condiciones climáticas en el futuro.