Junto a la roca hay una pluma blanca con un brillo de muchos colores. Luna la recoge con cuidado. Nunca ha visto una pluma igual. Es ligera, suave y parece caliente.
Cuando la toca, el viento mueve las hojas de los árboles, aunque hace un momento no soplaba nada. Luna guarda la pluma en el bolsillo y vuelve con su abuela, sin contarle lo que ha encontrado.