Lucas tenía la costumbre de salir a caminar después de comer. Le ayudaba a despejarse. Muchas veces, durante esos paseos, se le ocurrían las mejores ideas para sus cuentos. Esa tarde hacía un tiempo agradable: sol sin demasiado calor y una brisa ligera que movía las hojas de los árboles.
Lucas caminó sin prisa por la calle Mayor, mirando los escaparates y la gente. Le gustaba observar a las personas y preguntarse cosas sobre sus vidas. Era, según él, una de las mejores formas de entrenar la imaginación.