Capitulo 2
Barcelona. Jueves, 31 de julio. 12.00 h. El termómetro de la Puerta del Ángel, en el centro de Barcelona, marca 37ºC. Pepa conduce su taxi con la luz verde y escucha música. Cuatro hombres orientales le hacen señas. Pepa se acerca a la acera y para. Los hombres entran (tres se sientan atrás y uno a su lado). Cambia el cartel de «libre» por el de «ocupado» y baja el volumen de la radio. −Hola. Buenos días −saluda Pepa. −Buenos días −contestan los cuatro hombres a coro−. ¿Puede llevarnos a Figueras? −pregunta el que está a su lado. −¿Figueras? ¿En Girona? −pregunta Pepa. −Sí. Al Museo Dalí12 −dice uno de los hombres. −Sí, sí. Ningún problema −dice Pepa contenta. El viaje es de unas cuatro horas, dos de ida y otras dos de vuelta, y puede cobrar doscientos o doscientos cincuenta euros. ¡Es más o menos lo que gana trabajando dos días en Barcelona! −Aquí hay una bolsa −dice uno de los hombres y le enseña a Pepa una bolsa de tela verde que estaba en el asiento de atrás. Pepa la reconoce. Es de Raúl. Raúl es muy despistado y siempre olvida sus cosas. −¡Ah, sí! ¡Lo siento! ¿Puede dejarla en el suelo, por favor? Pepa sabe que sus clientes son japoneses, pero por educación les pregunta de dónde son. «De Osaka», le responden. Mientras salen de la ciudad, turistas y taxista mantienen la típica conversación sobre los temas típicos: la ciudad, el clima, la comida, el idioma (el catalán y el castellano)13, los monumentos y el arte. Dalí y Gaudí. Gaudí y Dalí. Cultura de bolsillo para bolsillos llenos. Al llegar al peaje de Granollers, en la AP-714, dirección norte, ya está todo dicho. Pepa pone un CD de Chambao y sube el volumen. Los japoneses, en silencio, miran el paisaje y descubren el flamenco-chillout.